lunes, 30 de enero de 2017

Domingos.

Que no se pierdan las costumbres de un domingo cualquiera. Que no se pierda la costumbre de un domingo sin más. Que no se pierda la costumbre de el sofá, la manta y una buena peli. Que no se pierda la costumbre de echar de menos. Que no se pierda la costumbre de la pereza. Que no se pierda la costumbre de las resacas homicidas. Que no se pierda la costumbre de pensar de más. 
Que no se pierda la buena costumbre de las carantoñas en el espejo. Que no se pierda la buena costumbre del moño despeinado, el pijama y la cara lavada. Que no se pierda la buena costumbre de escuchar música melancólica mientras lees un buen libro o miras por la ventana. Que no se pierda la buena costumbre de dejarse llevar por la lluvia que sacude los cristales y por esas increíbles ganas de salir corriendo y abrazarte. 
Que no se pierdan las costumbres de un domingo pero teniéndote a ti a mi vera. Que no se pierda la costumbre del sofá, manta y peli pero acabando contigo en mí. Que no se pierda la costumbre de echar de menos pero sabiendo que no merece tanto la pena teniéndote a ti ahí. Que no se pierda la costumbre de tener pereza, sí, pero a que te alejes de mi lado. Que no se pierda la costumbre de las resacas de una noche movidita entre las sábanas. Que no se pierda la costumbre de pensarte más. 
Que no se pierda la buena costumbre de las carantoñas en el espejo mientras tú me observas desde la cama. Que no se pierda la buena costumbre del moño despeinado, el pijama en el suelo y la cara llena de sonrisas. Que no se pierda la buena costumbre de escuchar la música de tu risa mientras leo cada espacio de tu cuerpo o miro al ventanal de tus ojos. Que no se pierda la buena costumbre de dejarse llevar por la lluvia que sacude los cristales y por esas increíbles ganas de quedarme entre esas cuatro pareces y no soltarte. 
Que no se pierdan los domingos contigo. Que no lleguen nunca los domingos sin ti. 



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