lunes, 31 de octubre de 2016

En ti, contigo, por ti.

Y un día decides empezar de nuevo, hacer las cosas bien, arreglar todo este caos y volver a salir como siempre. Un día decides que ya no, que ya no más, que se acabó, que fue suficiente, que la cara ya no te la ve nadie. Un día decides pensar más en ti, quererte a ti, mirarte a ti y dejar de ser o ver por alguien. 
Y entonces ese día todo vuelve a estar en cero y te empeñarás en construir algo mejor que lo anterior. Pero pretendes borrar el pasado, los errores, borrar las heridas sin dejar que estas cicatricen y romper promesas. Y pretendes que todo vuelva a empezar desde cero más rápido de lo que se puede, pretendes que todo vaya viento en popa, que no duela olvidar y que volver a confiar sea mucho más sencillo. Pretendes que el pasado deje de existir, que sea simplemente una película que nunca sucedió sin darte cuenta de que por ese pasado tú te estás planteando volver al punto de partida y cambiarlo todo. 
No te das cuenta de que esa persona que en su momento fue tu todo ahora tiene que, poco a poco, volverse en la nada. No te das cuenta de que esa persona poco a poco, nunca rápidamente, tiene que ir desapareciendo pero convertirse en experiencia. No te das cuentas que las heridas nunca van a desaparecer tan pronto y mucho menos por completo, que tienen que permanecer visibles para recordarte errores, caídas y experiencias de las que has aprendido. No te das cuenta que algún día volverás a confiar pero no debes forzarlo, pues que te falle quien más quieres duele. Y nunca será lo mismo que antes, está claro.
Pero entonces llegará algo o alguien que  hará que todo vaya yendo a mejor, poco a poco, sin prisa. Entonces llegará algo que hará que se active el botón de "ahora sí toca volver a empezar" pero sin prisa, pero sin pausa. Y sí, tocará volver a empezar pero por ti, por darte la oportunidad de quererte un poco más, de mimarte un poco más, de esperarte un poco más, de enamorarte de ti misma un poco más. 
Un día todo dejará de doler, esa persona solamente recibirá un hola y dejarás entonces de mover cielo, mar y tierra por cumplir. Un día todo estará bien en ti, contigo, por ti. Y sabrás que después de todas las batallas, las heridas, las subidas y bajadas, todo ha merecido la pena. Y el responsable de que todo vaya bien eres tú, que en su momento te diste cuenta de que algo haría que todo volviera a merecer la pena. Y mereció la pena solo por mirarte a un espejo y ver la sonrisa más bonita del mundo: la tuya. 

jueves, 20 de octubre de 2016

O j a l á.

Ojalá se pudiera volver el tiempo atrás. Ojalá se pudiera volver al pasado para rectificar, hacer las cosas bien, mejorar las que ya has hecho aún sabiendo que como están, valen. Ojalá se pudiera viajar al pasado y ver a esa persona una última vez, volver a sentir aquel último abrazo y apreciar verdaderamente lo que se tiene antes de que sea demasiado tarde. Ojalá pudiéramos mirar a alguien a los ojos de nuevo y volver a prometer pero esta vez cumpliendo, sin fallo, con ganas. Ojalá el tiempo no hubiera pasado tan rápido y ojalá nos hubiéramos permitido disfrutar un poco más de lo que en su momento tuvimos. Ojalá. 
Ojalá pudiéramos apreciar mucho más día a día lo que tenemos y no dejar que, solamente con el tiempo, sea cuando nos demos cuenta de que realmente entonces lo perdimos. Quién sabe por qué, quién sabe con quién, pero lo perdimos. 
Ojalá nos diéramos cuenta antes de que un momento siempre será eterno en nuestro recuerdo pero que no se repite. Ojalá fuéramos conscientes de que los errores a veces se pagan caro, de que las palabras duelen y los hechos valen más que nada. Pero ojalá nos diéramos cuenta de todo ello muchísimo antes de que haya sido demasiado tarde. Ojalá. Pero no es así.
Ojalá que un día dejemos de permitirle ganar al miedo evitando que nos impida dar ese esperado paso y ojalá los actos lleguen a ser más importantes que las palabras. Ojalá algún día sepamos verdaderamente el significado de muchos momento pero, siempre y cuando, que no sea demasiado tarde. Ojalá algún día venzamos los miedos, rompamos ataduras y saltemos muros. Ojalá.
Ojalá algún día nos dejemos de arrepentir de no haber abrazado a esa persona un poco más, de decir más veces te quiero y regalar más sonrisas. Ojalá algún día deje de ser tarde y se convierta en el momento. Ojalá que algún día la vida nos regale la oportunidad de darnos cuenta de lo que realmente valemos y de lo que realmente tenemos. Ojalá.
Y ojalá que, entonces, no sea demasiado tarde. 

lunes, 17 de octubre de 2016

Música.

Amaba la particular forma en la que me miraba, como hacía de una mala racha algo mejor y los buenos momentos se volvían insuperables. Amaba como me sacaba de quicio cuando algo no iba como a mi me gustaría y su forma tan increíble de calmarme. Amaba acariciarla y saber que ella era lo único que, pasase lo que pasase, nunca iba a abandonarme. Amaba acariciarla y que ella hiciera lo mismo conmigo, que me hiciera sentir bien, protegida y cuidada. Amaba que curara mis heridas y que me sostuviera en los peores momentos. 
Amé como llegó, de casualidad, sin previo aviso y de manera ingenua. Amé su timidez del principio y las pocas ganas que había por dejarse llevar. Amaba que entre tanta timidez siempre fue capaz de sacar lo mejor de mi y, aún ahora, después de tanto tiempo, sigue sacando mi lado más sincero. 
Amé que hubiera llegado y el haber tomado la firme decisión de hacerla mi compañera de vida para siempre, que se convirtiera en el primer beso y las ganas constantes. Amo saber que, pese a todo, ella nunca se ha ido ni lo va a hacer, porque las marcas que dejó siempre serán eternas. 
Ella, que me regalo los momentos más bonitos, me hizo crecer, madurar, luchar y llorar de vez en cuando. Ella, que sacó lo mejor y, también, lo peor de mi. Ella, que llegó sin avisar, quiso quedarse y luchó por hacerlo. Ella, que nunca pidió nada a cambio. Ella, que me regalo el disfrutarla. Ella, que me ayudó tanto. Ella. 
La música que me dio vida, que fue aire fresco en medio de un montón de mierda, que me ayudó a pedalear en la bicicleta y tiró del carro cuando ya no había fuerza. La música que hizo que los malos momentos fueran menos amargos y me secó las lágrimas. La música que todavía me acompaña pese a todo. La música que no me juzga por errores o fallos, que me ayuda a corregirlos y hace que siga adelante. 
La música que nos hace seguir creyendo.
La música que nos enamora.
La música que me da vida.
La música que nos invade. 
La música que nos une.
La música. 
La vida.  

lunes, 10 de octubre de 2016

Miedo.

Miedo. Miedo a el qué viene ahora, qué pasará después y cómo acabará esa película. 
Miedo. Miedo a no intentarlo, a intentarlo y no hacerlo bien, a dejar lo necesario ir y que se quedé lo que molesta, a equivocarse al elegir.
Miedo. Miedo a sentir, sentir el miedo, sentir las ganas, sentir el amor, sentir el odio, sentir el cariño, sentir el valor, sentir el pudor, sentir los miedos. 
Miedo. Miedo a que nos noten, a no pasar desapercibido en el momento en que te encantaría que nadie se diera cuenta de que estabas ahí. 
Miedo. Miedo a dejar de ser tú misma, a no saber cuál es el momento indicado para hacer lo correcto y, además, conocer cuál es ese por qué. 
Miedo. Miedo a errar, a acertar, a vivir, a respirar, a mentir, a decir la verdad, a mirar, a hablar, a tocar, a perderse. 
Miedo. Miedo a lo desconocido, a lo malo desconocido y a lo bueno por conocer, a los refranes estúpidos que no dicen nada y los innecesarios comentarios de la gente. 
Miedo. Miedo a fallar, a hacer daño, a equivocarse, a levantarse, a luchar, a ganar, a perder, a intentar, a sentir. 
Miedo. Miedo que nos hace humanos, vulnerables, sensibles, inútiles en muchas ocasiones, indecisos, inseguros, inestables, incapaces. 
Miedo que nos hace sentirnos vivos. 
Miedo al que mirar a los ojos. 
Miedo al que ganarle. 


lunes, 3 de octubre de 2016

Cualquier riesgo valdrá la pena.

A veces hay que olvidarse de qué es lo correcto, dejarse llevar más por los sentimientos que por las razones, olvidar los motivos que te dicen que no y hacer caso a todas esas emociones que te regalan los síes. 
A veces simplemente hay que dejar de pensar tanto y actuar más, darle rienda suelta a la locura y olvidarse que también tenemos nuestro lado cuerdo.
A veces simplemente hay que ir, ir aunque no sepamos si existe una vuelta o si hay algún modo luego de volver atrás.
A veces simplemente hay dejar que el amor o las ganas nos invadan, dejarse ir, perderse en otra persona, sonreír con la mirada y besar con una caricia. 
A veces basta con hacerlo bien, sin pensar, impulsivamente, de cualquier manera... pero hacerlo. Cuántas veces se habrá arriesgado la gente de este mundo sin tener la menor idea de que iban a ganar. Cuántas veces el mundo habrá dejado de pensar tanto y le ha dado por sentir más.
A veces simplemente necesitas mirar a los ojos y no decir ni una palabra. A veces el mundo necesita más amor, tanto amor como el que tienes guardado dentro de ti.
A veces tú necesitas decirlo, soltarlo, gritarlo, dejar de pensarlo y pronunciarlo: te quiero.
Y a veces hay otra persona que necesita escucharlo.
A veces simplemente hay que arriesgarse, aún sin saber si valdrá la pena pese a que, de antemano te digo, cualquier riesgo valdrá la pena.