lunes, 29 de agosto de 2016

Un camino. Un destino.

Quizás sea el tiempo de que nuestros caminos se bifurquen, que tú tomes tu camino y yo siga por el mío, que simplemente continuemos cada uno por nuestro lado con la firme convicción de que todo hasta ahora ha sido excepcionalmente increíble. Tal vez sea el tiempo en el que nos demos un tiempo y dejemos que la distancia arregle las cosas o que simplemente las deje como están y no siga dando más de sí todo esto. Tal vez los errores nos están matando y tanto tira y afloja nos esté pasando factura porque al final de cuentas los errores si se siguen repitiendo no sirven para nada más que para caer una y otra vez en el mismo precipicio.
Tal vez necesitemos eso que se llama tiempo y espacio. Tiempo para dejar que las heridas sanen y espacio para que tampoco nos vaya tan mal. Tal vez simplemente tenemos que darle rienda suelta a las ganas de seguir pero cada quien por un camino distinto y, ¿quién sabe?, tal vez al final lleguemos a la misma meta. 
Esta es nuestra vida y tenemos un camino hacia nuestro destino. Nunca sabremos si estamos predestinados a acabar en el mismo punto juntos otra vez o simplemente estamos predestinados a parar nuestra historia en este mismo instante. No sé. Piénsalo. Quizá lo mejor sea continuar cada uno por su camino. 
No tengas miedo a lo que venga, no tengas miedo a lo que pueda pasar. Nos queda un buen trecho por recorrer y aunque quizás no sea todo lo sencillo que podremos pensar seguramente merezca la pena. Merecerá la pena pese a las recompensas y obstáculos que nos podamos encontrar. 
Por favor, no tengas miedo porque sé de sobra todo lo valiente que eres. Por favor, no tengas miedo porque arriesgarse a intentar cosas nuevas merecen la pena, porque ese riesgo que estamos a punto de cometer nos hará tremendamente grandes, poderosos y fuertes. No tengas miedo a enfrentarte a un futuro oscuro e incierto. 
Simplemente ten la valentía suficiente para saber que tienes que ser más fuerte que tus miedos, la valentía necesarias para salir de cada uno de los baches que se interpongan en tu camino... porque yo pienso ser valiente por mi y por el final que me espere en este nuevo camino que escojo. Porque sé que este es mi camino hacia un destino que no sé en qué dará, pero no me importa. 
Tal vez el destino me vuelva a llevar a ti. O no. No importa. Al menos tendré la certeza de que intentarlo mereció la pena. Haz tú lo mismo. Por favor. 


lunes, 22 de agosto de 2016

Arriesgándonos de nuevo.

¿Por qué no lo volvemos a hacer?, ¿por qué?
¿Por qué no volvemos a arriesgarnos?
Por qué no volvemos a perder el tiempo cuando lo ganamos, nos rendimos cuando seguimos luchando, le damos rienda suelta a la desesperanza cuando hay mucha esperanza que todavía no está perdida, nos volvemos cuerdos cuando más majaretas estamos. 
Por qué no nos miramos en silencio, en medio de un montón de gente y con la música a todo lo que da y decidimos amarnos así, hacernos así, querernos así... a miradas. 
Por qué no vamos corriendo y nos escondemos de tanta multitud, por qué no dejamos que las ganas nos puedan cuando no podamos más y tentamos al destino para que nos vuelva a cruzar en el mismo camino que una vez se nos desvió. 
Por qué no vemos las estrellas abrazados en una noche nublada y cada mañana despejada vemos las nubes dibujando imaginación. Por qué no creemos en imposibles mientras seguimos cumpliendo posibles. Por qué no juntos. 
Y por qué no paramos el tiempo y nos dejamos ir lentamente cuando el tiempo corre rápido. Por qué no nos dejamos querer con la mirada y hasta con las caricias. Por qué no dejamos que nos ganen las ganas de vez en cuando y por qué no dejamos atrás este estancamiento. 
Por qué no nos dejamos consentir, no nos dejamos querer, no nos dejamos ir y nos vamos perdiendo. Por qué no nos dejamos perder para luego encontrarnos solamente nosotros, encontrarnos en ese lugar llamado paraíso donde los sueños son más fáciles de cumplir. 
Por qué no dejamos los reparos y arriesgamos nuevamente. Por qué no arriesgamos todo a una carta, por qué. No importa la derrota, no importa si nos va bien o mal. No importa. Solo importa ganar. 
Ganar. 
Ganarte.
Ganarnos. 
Arriesgándonos de nuevo. 


lunes, 15 de agosto de 2016

El primero y el último. El único.

Me gustaría que volvieras a ser el primero. El primero y el último. El único. 
Me gustaría que fueras el primero en ver mis primeras inseguridades sobre ti, mis miedos a arriesgarme a decírtelo todo, mi vergüenza al no saber si ir o no, mi nerviosismo en aquella primera cita, mi desconcierto después de todo y que llegáramos hasta todo aquello. Me gustaría que me vieras por dentro, todo lo que yo estaba sintiendo en aquel estúpido momento en el que se me ocurrió parar todo y dejarnos en un punto y seguido que al final se convirtió en aquel innecesario punto final. 
Me gustaría que siguieras siendo el primero en verme llorar a escondidas, que fueras el único capaz de consolarme en los peores momentos, el que supieras exactamente como hacer que todo fuera a mejor, el que nunca me fallara... pero al final, sin querer o queriendo, alguien nos falla. 
Me hubiera gustado tenerte como el primero en todo, como el primero en caricias en la espalda, sentirte lento en mi y que nadie nos dijera lo que estaba mal o bien. Pero, al final, el hubiera no existe y los rumbos que tomamos fueron totalmente diferentes. 
Hoy tengo la oportunidad de dejar que tú nuevamente seas el primero aunque no sea así, porque sigo queriendo que seas el primero, el último y el único. Y es que, al final, cuando me quito esa máscara de "soy fuerte y puedo con esto" soy la más débil del mundo, la más estúpida y la que más veces vuelve a caer. 
Porque sigo queriendo que seas la primera persona a la que vea cada mañana, quiero que seas el primer beso de buenos días y, porque no, el primer polvo. Porque sigo queriendo que seas la primera persona en aguantar mi mal humor mañanero, en decirme "que te vaya bien el día", el que se acabe convirtiendo en mi rutina más perfecta, que me aburra con sus relatos sobre qué tal le ha ido el día, el que no tema al futuro siempre que sea conmigo y que sepa que siempre ha sido para mi el único. Quiero que seas el único que  esté totalmente seguro que, aunque hayan habido otros, al final siempre estabas tú. 
Porque el primero es el que marca y el que yo quiero que se marque para siempre. 
Me gustaría que volvieras a ser el primero en absolutamente todo, sin excepciones. Porque al final, el único que me importas eres tú. Me importas aunque ni siquiera leas esto y te des por aludido. Me gustaría que te dieras cuenta de todo de la única manera en la que creo que mejor sé hablar. Y me gustaría que lo vieras como el texto más personal que he escrito antes. 
Porque...
Me gustaría que fueras el primero. El primero y el último. El único. 


lunes, 8 de agosto de 2016

Huellas imborrables.

Eh, tú. Sí, sí, tú que miras a los lados indeciso, que sientes miedo a arriesgarte, que cada día se pone más cuesta arriba, que temes a mirar hacia arriba y pensar a lo grande. 
Eh, sí, tú, que cada día piensas que será peor que el anterior, que ya no merece la pena, que para qué arriesgarse si siempre vas a seguir perdiendo, que para qué tanto esfuerzo si al final nunca encuentras tu recompensa. 
Oye, tú, que cada día das más por perdido, que cada vez sientes más miedo, que te tiene miedo hasta a ti mismo, que callas tantas cosas que deberías gritar, que vives pensando en que de otro modo quizá sea más sencillo pero aún así no buscas la manera. 
Eh, tú, que vives creyendo que cada pequeño instante es insignificante y que lo que valen son las palabras sin pensar que quizás los actos sean muchísimo más importantes. 
Eh, tú, que naufragas una y otra vez y no buscas una solución, que crees que quedándose quieto se arreglan las cosas, que no busca la luz al final del túnel... ¿crees que esa sea la solución?, ¿crees que estancándote vas a llegar más lejos?, ¿crees que no luchar merece mucho la pena o que quizá arregle algo? 
Que equivocado estás y que triste que sea así porque te mereces mucho más, te mereces mucho más de lo que consigues y no consigues más porque tú no quieres realmente. 
Y es que, al final de todo esto que estás viviendo, cada día de más es un día de menos, un día de menos para algo, para alguien, para ti. Es que, al final, cuando más tiempo pases estancado de un foso peor será y más complicado se pondrá el poder salir porque se sale de cada uno de los baches con los que nos topamos a lo largo de este gran camino, porque se sale de cada racha, porque se avanza. Y es que, al final, todo es luchar. No vale quedarse ahí parado viendo la vida pasar, no vale creer que así es la vida, que aunque sea mala va a pasar sin más. No. 
Porque debemos preocuparnos de dejar huella en cada uno de nosotros, una huella que no únicamente dure un tiempo, ni unos meses o unos cuantos años, sino que debemos preocuparnos de que nuestra huella quede en esas personas que nos han rodeado y nos han apoyado día sí y día también por siempre y para siempre. Pero, es que si tú no te esfuerzas por tatuar esa huella en la gente con más actos y menos palabras, con sonrisas, con lucha, con esperanza... si no te preocupas por hacer las cosas bien nunca saldrán bien.
Preocúpate sobre todo por ti, por hacerlo bien, por crearlo bien. Preocúpate por dejar huellas imborrables, de esas que aunque no estemos siempre nos recordarán.