martes, 26 de abril de 2016

Ha merecido la pena, merece la pena, no temas.

No tengas miedo a fallar, no tengas miedo a errar, no tengas miedo a equivocarte, no tengas miedo a tropezar y caerte, no tengas miedo a mirar hacia adelante, no tengas miedo a pensar que algo está mal, no tengas miedo.
No te preocupes por nada, no te preocupes por lo que pudo ser y no es, ni por todo lo que podrías haber tenido. Tampoco te preocupes por el tiempo, porque quizá sea demasiado tarde para algo, por no haberlo intentado.
No te preocupes por haber caído y tardado en levantarte, ni por haberte confundido de camino. No te preocupes por nada porque todo ha merecido la pena. Todo siempre merece la pena.
Ha merecido la pena porque te ha traído hasta aquí el destino, porque ahora eres más fuerte que al principio de esta historia, porque ahora puedes más que antes, porque ahora los baches son más fáciles de evitar, porque aprendiste a levantarte después de muchas caídas, porque merece la pena estar ahora donde estás. 
No te preocupes por lo que pudo ser porque ahora ves lo que sí fue, no te preocupes por haberte caído y haberte hecho aquella heridas porque ahora ya sabes que sí y que no, no te preocupes por nada porque ahora tienes todo lo que necesitas aunque quizá por momentos no lo veas. No te preocupes. 
No temas pensando en el futuro pues todavía hay mucho presente por vivir. No temas pensando en qué será porque aún están siendo muchas cosas. No temas por intentarlo una vez más porque aunque falles, aunque falles hay muchas más oportunidades que van a llegar tal vez ahora no las veas. 
No temas. No temas a enfrentarte a tu presente después de haber vivido todo tu pasado. No temas después de saber todo lo que fue. No temas porque esas cicatrices te recuerdan errores. No temas porque esos errores y todas esas caídas te han traído hasta aquí. No temas.
Enfréntate a lo que venga. Enfréntate sin miedo. 
Ten fe, échale ganas. Adelante.

lunes, 18 de abril de 2016

Y entonces, volví a creer.

Y entonces vi sus sonrisas frágiles y entendí que el amor eterno y verdadero existe, que en algún momento llegará y te tocará, que Cupido de vez en cuando apunta bien, que a veces hay que dejar de temer, arriesgar y ganar. 
Entonces entendí que hay "para siempres" que sí se cumplen, que hay historias con finales felices, que todavía hay personas que cumplen sus promesas, que pase lo que pase siempre existirá alguien por quien levantarse cada mañana y sonreír, que las cuestas arriba son menos cuestas cuando tienes una mano a la que agarrarte, que el sol aunque esté nublado sale cada día. 
Al fin entendí que al final del camino, si de verdad se merece, sucede. Sucede lo mágico, lo más puro, lo más verdadero, lo más simple entre todo, lo más sencillo, lo más eterno, lo más perfecto entre la imperfección.
Y entonces los vi a ellos, mirándose después de cuarenta y nueve años con los mismos ojos de fe e ilusión que estoy segura que tenían el primer día, con la misma esperanza que se pusieron el uno en el otro, con las mismas ganas de volver a empezar cada día juntos, con la misma fidelidad de siempre; y solo entonces entendí que ese sentimiento que creía inexistente está presente, que se da, que existe, que es mágico, que mueve montaña, que navega por mares... 
Y entonces entendí que sí, que debía volver a creer en ello pero ahora con más fuerza. Entonces entendí que todo merecería la pena, que todos los obstáculos que se nos interponen son por algo, que todo sucede por alguna u otra razón, que todo siempre tendría su propia recompensa. 
Y entonces vi sus sonrisas frágiles y creí en la fragilidad de las todo menos en la del amor eterno y verdadero porque eso... eso es invencible, el arma más poderosa del mundo. 
Y entonces, gracias a ellos, volví a creer... 



lunes, 11 de abril de 2016

Te invito a que...

Te invito a que vengas y te atrevas, que sueltes todo, que dejes todo atrás, que sonrías cuando me veas sonreír a mi, que no me temas ni te temas a ti mismo, que lo intentes. 
Te invito a que me invites, a que me tientes, a que me inventes, a que me mires y yo te mire a ti, a que salgamos a flote, a que luchemos, a que nos vayamos lejos, a que nos dejemos ir.
Te invito a que nunca te me separes, a que me cumplas sin prometer, a que me hagas llorar de alegría y me hagas sonreír en medio de las tristezas, a que sea tu voz mi melodía favorita y que la mía sea la tuya. 
Te invito a que lo intentemos juntos, a que sonriamos juntos, a que escribamos todo eso que pensamos juntos, a que nos enamoremos juntos, a que bailemos juntos, a que tengamos esperanza juntos, a que todo valga la pena, a que me mires cada minuto, a que me tengas cada segundo. 
Te invito a que me borres esa sonrisa tonta que se pone como tú ya sabes, a que me hagas cosquillas hasta que ya no pueda más, a que me susurres al oído, a que empecemos de cero cada día, a que veamos tu película, a que veamos mi película favorita. 
Te invito a que me invites a todo, a que me ayudes a saltar cada obstáculo y yo sea tu punto de apoyo para saltar todo eso que se interponga, a que seas un bastón para caminar, a que los años pasen sin más y que no nos demos cuenta de ello.
Te invito a todo lo que quieras, a todo lo que sueñes, a que todo lo que pienses.
Te invito a estar conmigo aunque igual ya sea demasiado tarde, a que no nos rindamos nunca, a que siempre continuemos. 
Te invito a que tu seas yo y yo ser tú. 
Te invito a que leas esto y me entiendas.
Te invito a intentarlo.
Te invito a que seas el primero.
Y el único.
Te invito. A quererme. 
Invítame. A tenerte. 



lunes, 4 de abril de 2016

Promesas rotas.

Pienso eso, que las promesas no existen, no sirven de mucho por no decir que no valen para nada. Pienso que las promesas hacen que nos aferremos a improbables e, incluso, a imposibles. Pienso que las promesas nos debilitan, nos limitan, nos hacen ilusos, estúpidos. 
Pienso eso, que las promesas son simples palabras, de esas que se las lleva el viento, que las promesas incluso son los silencios que nos incomodan en una conversación e intentamos rellenar. 
Pienso que eso, que las promesas son simples rellenos, como toda esa basura que meten en una película y que no nos importa nada porque el argumento es tan simple que no llegan a los noventa minutos. Y que sí, que encima esa basura es la que nos hace reír y sonreír, que nos hace felices, que nos gusta y no. 
Pienso que las promesas nunca se cumplen, que son ilusiones inventadas para callar bocas, para pasar al siguiente punto, para relajar situaciones... que no, que no valen.
Pienso que las promesas destruyen, empequeñecen la grandeza, nos hacen simples, vulnerables, frágiles, cursis, falsos... pienso que las promesas menos sinceras, son de todo. 
Pienso que tú, tú que crees que en todas esas promesas que alguien te hizo vales más que eso, vales más que ahora estar arrepintiéndote de haber creído, vales más que todas esas lágrimas que si no las has derramado ya en algún momento sucederá, vales más que aquellas palabras, vales más incluso que la persona que hizo aquella promesa.
Admito que sí, que he creído muchas veces, que he intentado creérmelas muchas otras por el simple hecho de tener miedo, miedo a que todo acabara, a que todo aquello no fuera más que un sueño, a que salieran las letras de "fin" en aquella historia, mi historia favorita. Sí, lo admito. Pero a base de caídas, de decepciones, de desencanto me di cuenta que no, que las promesas son consuelo de tontos. Sí, lo admito, es bonito creer en todo eso, es bonito montarse películas en la cabeza, creer que se puede, que esa promesa será cumplida pero, ¿y la realidad? Porque a mi me duele más la realidad de darme cuenta de que todo lo que creía no es, de que nada va a continuar como nos gustaría, de que efectivamente todo acaba que que de pronto todo haya acabado, acabado y encima no me haya enterado, no me haya dado cuenta a tiempo de que las promesas no están para cumplirlas, sino para hacer más bonito el camino hacia el triste final de algo.
Pienso eso, que las promesas, al igual que las palabras, se las lleva el viento.