viernes, 30 de diciembre de 2016

Los años...

Los años lo componen las experiencias, las ganas de crecer, los momentos compartidos o los momentos propios. 
Los años los componen las risas en una mesa con cuatro amigos y una cerveza bien fría, las lágrimas en una mala racha, las tardes de sofá, manta y una buena película, las palomitas en el cine, las cenas con los que más quieres, las disputas, las broncas de los padres y las reconciliaciones después de hablar de más. 
Los años nos asaltan, cambiamos de número y seguimos diciendo que el tiempo va demasiado rápido y no nos da tiempo a disfrutar cuando lo único que hacemos nosotros es dejar que eso suceda, que pase rápido, que no se aproveche, quejarnos y creyendo que así arreglamos mucho. 
Los años pasan y mañana acaba uno más en donde ni siquiera te has parado a pensar en qué momento lo aprovechaste al cien por ciento, seguramente porque ninguno fue así, porque dejaste pasar muchos trenes y no aprovechaste lo suficiente los caminos que tomaste después. Los años no es retomar caminos, es continuar con los que se han hecho planteándose nuevas metas que quizás sí o quizás nunca sean cumplidas pero, ¿quién nos quita esa primera ilusión por retos nuevos?
Los años nos acechan, van uno detrás del otro y nosotros de lo único que nos deberíamos preocupar es de hacerlo bien, de sentirlo bien, de creerlo bien, de pasarlo bien, de luchar por los sueños, de desplazar los miedos, de querer un poquito más, de arriesgarse. Y nosotros de lo único que nos preocupamos es de tener todo lo material posible, comprar millones de cosas, leer los periódicos en donde la información brilla por su ausencia, viajar a sitios increíbles pero los hoteles son lo último en innovación y creemos entonces estar viendo la triste realidad, ¿pero dónde? Yo no la encuentro.
Los años pasan y nuestra doble moral continúa, seguimos dando una cara y por detrás tenemos otra muy distinta, no miramos a los ojos cuando brindamos y tampoco cuando hablamos con alguien, ¿dónde queda la sinceridad? 
Los años pasan y la mirada de los niños empieza a estar muy alejada de la ingenuidad que los debería caracterizar, la tecnología los absorbe y, ¿dónde quedó el jugar con la tierra y embarrarnos todo el cuerpo? Lejos de esta realidad. 
Los años pasan y seguimos dejándolos pasar sin darnos cuenta que dentro de unos años esos ancianos que nos piden por favor que disfrutemos todo lo que ellos no pudieron seremos nosotros y habremos perdido incluso más tiempo que nuestros antecesores. 
Los años pasan y nosotros seguimos malgastándolo. 
Los años pasan y no solo las personas son las que lo marcan, también son los lugares. 
Los años pasan y las experiencias nos marcan. 
Los años pasan y seguimos con nuestras banalidades. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Lío.

A veces las palabras no fluyen, los sentimientos se agolpan, las miradas son silencios y los silencios hablan. A veces todo se viene abajo, se complica, se tuercen, el destino está en tu contra y tú estás a favor de ti misma. 
A veces nada es lo que parece y todo es lo que es porque aparece así. A veces la vida es un remolino de cosa, un huracán de sin sentidos, un puñado de palabras y un montón de silencios en el viento. 
A veces nada tiene sentido y cobra valor de la nada, se facilita lo complicado y se complica lo sencillo. A veces perdemos el tiempo en cosas importantes que nos hacen ganar momentos y nos liamos pensando en el que es y qué no es. 
A veces estás sentada ante un montón de gente y de sobra sabes que no eres nadie aunque pretendan convencerte de lo contrario y a veces crees ser nada y eres todo en medio de la nada.
A veces te lías y no sabes muy de qué estás hablando aunque todo el mundo te entienda y a veces te aclaras pero ni tú misma comprendes nada. 
A veces ocurre que no sabes cómo enfrentarte a una hoja en blanco y acabas matando tres pájaros de un tiro y creando tu mejor historia inservible que seguramente acabe en la basura.
A veces vives tu vida sin darte cuenta que también es de otro y que esa vida ajena es más tuya que de nadie.
A veces lo complejo está presente en ti y te hace hablar de lo que no sabes y hablas aún sabiendo.
A veces hablas sabiendo que hablar es bueno, que alguien te escuchará y pensará o que estás zumbado, o que vales para algo más en esta vida que para escribir frases sueltas en una entrada de este blog.
A veces viene bien escribir líneas sin sentido, dejarse llevar por una melodía silenciosa y cantar a pleno pulmón cuando estás afónica. A veces viene bien pensar que la magia existe, que los Reyes Magos y Papá Noël son personas de verdad y que el Ratoncito Pérez no vive en la misma casa que tú. 




lunes, 5 de diciembre de 2016

Nunca des todo por perdido.

Nunca des todo por perdido porque siempre habrá una salida, por muy mal que vaya todo siempre habrá una manera de arreglarlo. 
Nunca des todo por perdido y tampoco mandes todo a la mierda a la primera, ni a la segunda porque igual a la tercera sí va la vencida. 
Nunca des todo por perdido porque las fuerzas están por los suelos y mucho menos porque la gente no te esté apoyando todo lo que te gustaría. 
Nunca des todo por perdido cuando alguien diga que algo no se hace de la misma manera que tú lo estás haciendo porque nadie tiene el derecho a decir qué es lo que está bien y qué es lo que se supone que es incorrecto. 
Nunca des todo por perdido cuando los resultados no sean todo lo que tu esperabas porque igual algo falló, sí, pero igual la solución está en cambiar un ingrediente de la receta improvisada. 
Nunca des todo por perdido cuando esté nublado y creas que no puede salir a la calle porque el frío está pegando con ganas porque solamente tienes que abrigarte un poco más y dar lo mismo que siempre. 
Nunca des todo por perdido cuando ya no puedas más, simplemente descansa, toma aire y continúa. 
Nunca tires la toalla cuando alguien diga que cierta cosa no es de la misma manera en la que tú la has hecho, ni tampoco cuando las puertas se te cierren porque después de una oportunidad perdida vendrán muchas más. 
Nunca tires la toalla con un sueño porque nunca sabes qué pasará mañana, nunca sabes qué habrá al dar la vuelta en la esquina o al cruzar una puerta. 
Nunca tires la toalla porque nunca sabes donde se puede esconder esa última y decisiva oportunidad que hará que todo cambie, que todo sea, que todo exista para siempre como tú siempre has creído. 
Nunca tires la toalla. Nunca des todo por perdido. Nunca abandones. Nunca. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Completo.

Es como que me falta algo o como que todo está lleno. Es como que te tengo pero a la vez no te veo y me muero de ganas de abrazarte. Es como que las ganas me ganan pero el miedo me vence. Y te toco. Pero te escapas. 
Y recuerdo aquel otoño triste donde el sol nos iluminó y nos hizo más fuertes pero, entonces, sé que las cosas no suceden dos veces y que el tren no espera por nadie. Pero tu tranquilo que lo que sobra en la vida son maneras de solucionarlo todo, que encontraremos mil escapes y le haremos trampas a la vida, que ella no guarda rencores y tú sí que guardas las ganas. 
Las ganas de querer de querer más, quererte a ti y querer la vida por vivir, las ganas de volver a intentar pero esta vez sin fallar, sin cometer errores o tropezar con cualquier piedra y las ganas de ganar. Ganarle ese pulso al destino y a la suerte, hacer un quiebro y salirse por la tangente pero sin tenerle miedo y con muchas, muchas ganas. Y siempre sonreír y siempre ser feliz. 
Y tener ganas porque aunque no lo sepas, al menos por el momento, la vida son luchas y ganas de ganar y aunque falte mucho camino por recorrer... siempre habrá una manera. Una manera en donde todo esté completo. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

De vez en cuando.

De vez en cuando necesitamos a esa persona que nos haga sentir que todo está bien aunque el mundo se esté desmoronando, que sea nuestra bastón para caminar, que nos demuestre que sonreír cuando se quiere llorar es la solución a todo. 
De vez en cuando no solo te necesitas a ti misma, no solo necesitas tu espacio, tus propias palabras, la música, una manta y un montón de pañuelos para desahogarte sino que necesitas a un mundo entero que te demuestre que después de una mala racha, una caída o un vaivén todo pasará y saldrás a flote porque tienes un buen salvavidas. 
De vez en cuando viene bien querer, dejarse llevar, fluir, huir lejos con alguien y sentir que hay locuras que verdaderamente merecen la pena. De vez en cuando encontramos a una persona especial que hace de los momentos cotidianos algo especial. 
De vez en cuando hay que dejarse querer, dejarse consentir, quitar capas y llorar en público. De vez en cuando viene bien demostrar que detrás de tanta fuerza hay fragilidad, hay ilusiones y un destello de ingenuidad en la mirada. De vez en cuando hay que dejarse desnudar por dentro, dejarse ver, dejarse tocar, dejarse consentir. 
Todo esto hará que se curen las heridas, que se vayan los miedos, que se disipen las dudas. Todo valdrá siempre la pena porque no intentar algo es de cobardes. Todo siempre merece la pena. Todo siempre son lecciones, de esas que nos demuestran que siempre cualquier cosa merece la pena. 
De vez ama muy fuerte, besa despacio, desnuda rápido, acaricia con la mirada y araña con ganas. 
De vez en cuando date tus propias licencias y no temas a perder el tiempo porque el tiempo no se pierde, al tiempo se le gana. 
De vez en cuando llega esa persona. Esa persona que, independiente de en lo que se convierta, te hace ver que merece la pena todo. 

martes, 15 de noviembre de 2016

Solamente.

Solamente sé tú, con tus defectos y con tus virtudes, con lo bueno y también con lo malo, con las lecciones aprendidas y las que te queden por aprender, con las heridas de guerra y las cicatrices del pasado. Sé tú porque quieres, puedes y te lo mereces. 
Simplemente sé tú porque, al final de día, tú eres lo que vales y vales lo que pasees en lecciones. 
Simplemente sé tú de principio a final, sin importar el que dirán, sin importar los que digan que está mal, sin importar absolutamente nada. Déjate llevar, déjate querer, quiérete. Sé tú y tropiézate con las piedras que hagan faltas siempre y cuando nunca dejes de ser tú. Que te señalen, que te miren... No importa. Eso es que algo estás haciendo bien y ese algo es ser simplemente tú mismo. Nunca te reprimas, pues no merece la pena, la gente igualmente mirará y criticará pero, ¿qué importa eso?. Sé libre. Sé fuerte. Sé valiente. Demuestra lo que vales, lo que eres, lo que puedes llegar a ser.
Adelante, algo estás haciendo bien. Sé. Sé y nunca dejes de ser porque eso tan complejo de ser es de valientes y tú de valentía tienes un buen cacho. 
Levántante después de cada caída y nunca dejes esa esencia tan tuya y de nadie más.
Solamente tú, solamente ser, solamente. Corto, claro y conciso. 

lunes, 7 de noviembre de 2016

EGOÍSMO.

A veces viene bien acabar cuanto antes un libro, pasar página o comenzar una nueva historia. 
A veces viene bien no recapitular,  no dejarse carcomer por los recuerdos, no esforzarse en recordar lo que seguramente debería estar olvidado. 
A veces viene bien no ver esa foto que te vuelve a transportar a un momento determinado que creías olvidar o leer nuevamente esa última conversación que desvelaba una despedida anticipada. 
A veces viene bien no lamentarse por lo que no se ha hecho y dejar que todo fluya y siga su curso porque, a fin de cuentas, si las cosas han sido de una determinada manera es porque así tenían que ser. Nada ocurre porque sí, siempre hay una razón aunque esa razón todavía no la veas, aunque todavía no estés segura del motivo: siempre habrá algo. 
A veces nos equivocamos y no rectificamos simplemente porque no nos damos cuenta de dónde ha estado el error. A veces herimos sin esa intención, simplemente dejándonos llevar por todas esas emociones y esos sentimientos que nos invaden en su momento y luego vienen las cagadas. Después de herir vienen la necesidad de responsabilizarse por lo que has hecho, de autoherirse lamentándonos de haber hecho daño y no nos damos cuenta que no toda la responsabilidad ha sido nuestra, que en este camino por recorrer no estamos solos y tenemos más gente a nuestro alrededor que igual que tú se arriesga, siente, piensa, actúa y muchas veces se deja llevar por ese maldito impulso que nos hace humanos. 
A veces viene bien cambiar de aires, empezar nuevos ciclos, abrir nuevas etapas, escribir nuevas historias con nuevos protagonistas. A veces viene bien quitar el peso de responsabilidades que no son únicamente nuestras, dejar de lamentarse y continuar por nuevos caminos lejos de cierta gente, de ciertos lugar y de ciertos recuerdos. 
A veces simplemente debemos de ser tan exigentes con nosotros mismos, pensar más en qué queremos nosotros y con quién lo queremos. A veces simplemente no hay que forzar situaciones, simplemente hay que dejar que todo fluya, que el río siga su curso y ya veremos dónde desemboca. 
A veces tenemos que dejar de pensar tanto en los demás y pensar más en nosotros mismos, sacar nuestro lado más egoísta y preguntarnos "¿realmente esto es lo que quiero?, ¿realmente lo quiero con estas personas?". Luego decides qué sí y qué no, con quién sí y con quién no. 
Pero, a veces, simplemente tienes que pensar, decir y gritar únicamente lo que TÚ quieras. El riesgo y el arriesgarse también incluye el individualismo. La vida también incluye un poco de egoísmo. 

lunes, 31 de octubre de 2016

En ti, contigo, por ti.

Y un día decides empezar de nuevo, hacer las cosas bien, arreglar todo este caos y volver a salir como siempre. Un día decides que ya no, que ya no más, que se acabó, que fue suficiente, que la cara ya no te la ve nadie. Un día decides pensar más en ti, quererte a ti, mirarte a ti y dejar de ser o ver por alguien. 
Y entonces ese día todo vuelve a estar en cero y te empeñarás en construir algo mejor que lo anterior. Pero pretendes borrar el pasado, los errores, borrar las heridas sin dejar que estas cicatricen y romper promesas. Y pretendes que todo vuelva a empezar desde cero más rápido de lo que se puede, pretendes que todo vaya viento en popa, que no duela olvidar y que volver a confiar sea mucho más sencillo. Pretendes que el pasado deje de existir, que sea simplemente una película que nunca sucedió sin darte cuenta de que por ese pasado tú te estás planteando volver al punto de partida y cambiarlo todo. 
No te das cuenta de que esa persona que en su momento fue tu todo ahora tiene que, poco a poco, volverse en la nada. No te das cuenta de que esa persona poco a poco, nunca rápidamente, tiene que ir desapareciendo pero convertirse en experiencia. No te das cuentas que las heridas nunca van a desaparecer tan pronto y mucho menos por completo, que tienen que permanecer visibles para recordarte errores, caídas y experiencias de las que has aprendido. No te das cuenta que algún día volverás a confiar pero no debes forzarlo, pues que te falle quien más quieres duele. Y nunca será lo mismo que antes, está claro.
Pero entonces llegará algo o alguien que  hará que todo vaya yendo a mejor, poco a poco, sin prisa. Entonces llegará algo que hará que se active el botón de "ahora sí toca volver a empezar" pero sin prisa, pero sin pausa. Y sí, tocará volver a empezar pero por ti, por darte la oportunidad de quererte un poco más, de mimarte un poco más, de esperarte un poco más, de enamorarte de ti misma un poco más. 
Un día todo dejará de doler, esa persona solamente recibirá un hola y dejarás entonces de mover cielo, mar y tierra por cumplir. Un día todo estará bien en ti, contigo, por ti. Y sabrás que después de todas las batallas, las heridas, las subidas y bajadas, todo ha merecido la pena. Y el responsable de que todo vaya bien eres tú, que en su momento te diste cuenta de que algo haría que todo volviera a merecer la pena. Y mereció la pena solo por mirarte a un espejo y ver la sonrisa más bonita del mundo: la tuya. 

jueves, 20 de octubre de 2016

O j a l á.

Ojalá se pudiera volver el tiempo atrás. Ojalá se pudiera volver al pasado para rectificar, hacer las cosas bien, mejorar las que ya has hecho aún sabiendo que como están, valen. Ojalá se pudiera viajar al pasado y ver a esa persona una última vez, volver a sentir aquel último abrazo y apreciar verdaderamente lo que se tiene antes de que sea demasiado tarde. Ojalá pudiéramos mirar a alguien a los ojos de nuevo y volver a prometer pero esta vez cumpliendo, sin fallo, con ganas. Ojalá el tiempo no hubiera pasado tan rápido y ojalá nos hubiéramos permitido disfrutar un poco más de lo que en su momento tuvimos. Ojalá. 
Ojalá pudiéramos apreciar mucho más día a día lo que tenemos y no dejar que, solamente con el tiempo, sea cuando nos demos cuenta de que realmente entonces lo perdimos. Quién sabe por qué, quién sabe con quién, pero lo perdimos. 
Ojalá nos diéramos cuenta antes de que un momento siempre será eterno en nuestro recuerdo pero que no se repite. Ojalá fuéramos conscientes de que los errores a veces se pagan caro, de que las palabras duelen y los hechos valen más que nada. Pero ojalá nos diéramos cuenta de todo ello muchísimo antes de que haya sido demasiado tarde. Ojalá. Pero no es así.
Ojalá que un día dejemos de permitirle ganar al miedo evitando que nos impida dar ese esperado paso y ojalá los actos lleguen a ser más importantes que las palabras. Ojalá algún día sepamos verdaderamente el significado de muchos momento pero, siempre y cuando, que no sea demasiado tarde. Ojalá algún día venzamos los miedos, rompamos ataduras y saltemos muros. Ojalá.
Ojalá algún día nos dejemos de arrepentir de no haber abrazado a esa persona un poco más, de decir más veces te quiero y regalar más sonrisas. Ojalá algún día deje de ser tarde y se convierta en el momento. Ojalá que algún día la vida nos regale la oportunidad de darnos cuenta de lo que realmente valemos y de lo que realmente tenemos. Ojalá.
Y ojalá que, entonces, no sea demasiado tarde. 

lunes, 17 de octubre de 2016

Música.

Amaba la particular forma en la que me miraba, como hacía de una mala racha algo mejor y los buenos momentos se volvían insuperables. Amaba como me sacaba de quicio cuando algo no iba como a mi me gustaría y su forma tan increíble de calmarme. Amaba acariciarla y saber que ella era lo único que, pasase lo que pasase, nunca iba a abandonarme. Amaba acariciarla y que ella hiciera lo mismo conmigo, que me hiciera sentir bien, protegida y cuidada. Amaba que curara mis heridas y que me sostuviera en los peores momentos. 
Amé como llegó, de casualidad, sin previo aviso y de manera ingenua. Amé su timidez del principio y las pocas ganas que había por dejarse llevar. Amaba que entre tanta timidez siempre fue capaz de sacar lo mejor de mi y, aún ahora, después de tanto tiempo, sigue sacando mi lado más sincero. 
Amé que hubiera llegado y el haber tomado la firme decisión de hacerla mi compañera de vida para siempre, que se convirtiera en el primer beso y las ganas constantes. Amo saber que, pese a todo, ella nunca se ha ido ni lo va a hacer, porque las marcas que dejó siempre serán eternas. 
Ella, que me regalo los momentos más bonitos, me hizo crecer, madurar, luchar y llorar de vez en cuando. Ella, que sacó lo mejor y, también, lo peor de mi. Ella, que llegó sin avisar, quiso quedarse y luchó por hacerlo. Ella, que nunca pidió nada a cambio. Ella, que me regalo el disfrutarla. Ella, que me ayudó tanto. Ella. 
La música que me dio vida, que fue aire fresco en medio de un montón de mierda, que me ayudó a pedalear en la bicicleta y tiró del carro cuando ya no había fuerza. La música que hizo que los malos momentos fueran menos amargos y me secó las lágrimas. La música que todavía me acompaña pese a todo. La música que no me juzga por errores o fallos, que me ayuda a corregirlos y hace que siga adelante. 
La música que nos hace seguir creyendo.
La música que nos enamora.
La música que me da vida.
La música que nos invade. 
La música que nos une.
La música. 
La vida.  

lunes, 10 de octubre de 2016

Miedo.

Miedo. Miedo a el qué viene ahora, qué pasará después y cómo acabará esa película. 
Miedo. Miedo a no intentarlo, a intentarlo y no hacerlo bien, a dejar lo necesario ir y que se quedé lo que molesta, a equivocarse al elegir.
Miedo. Miedo a sentir, sentir el miedo, sentir las ganas, sentir el amor, sentir el odio, sentir el cariño, sentir el valor, sentir el pudor, sentir los miedos. 
Miedo. Miedo a que nos noten, a no pasar desapercibido en el momento en que te encantaría que nadie se diera cuenta de que estabas ahí. 
Miedo. Miedo a dejar de ser tú misma, a no saber cuál es el momento indicado para hacer lo correcto y, además, conocer cuál es ese por qué. 
Miedo. Miedo a errar, a acertar, a vivir, a respirar, a mentir, a decir la verdad, a mirar, a hablar, a tocar, a perderse. 
Miedo. Miedo a lo desconocido, a lo malo desconocido y a lo bueno por conocer, a los refranes estúpidos que no dicen nada y los innecesarios comentarios de la gente. 
Miedo. Miedo a fallar, a hacer daño, a equivocarse, a levantarse, a luchar, a ganar, a perder, a intentar, a sentir. 
Miedo. Miedo que nos hace humanos, vulnerables, sensibles, inútiles en muchas ocasiones, indecisos, inseguros, inestables, incapaces. 
Miedo que nos hace sentirnos vivos. 
Miedo al que mirar a los ojos. 
Miedo al que ganarle. 


lunes, 3 de octubre de 2016

Cualquier riesgo valdrá la pena.

A veces hay que olvidarse de qué es lo correcto, dejarse llevar más por los sentimientos que por las razones, olvidar los motivos que te dicen que no y hacer caso a todas esas emociones que te regalan los síes. 
A veces simplemente hay que dejar de pensar tanto y actuar más, darle rienda suelta a la locura y olvidarse que también tenemos nuestro lado cuerdo.
A veces simplemente hay que ir, ir aunque no sepamos si existe una vuelta o si hay algún modo luego de volver atrás.
A veces simplemente hay dejar que el amor o las ganas nos invadan, dejarse ir, perderse en otra persona, sonreír con la mirada y besar con una caricia. 
A veces basta con hacerlo bien, sin pensar, impulsivamente, de cualquier manera... pero hacerlo. Cuántas veces se habrá arriesgado la gente de este mundo sin tener la menor idea de que iban a ganar. Cuántas veces el mundo habrá dejado de pensar tanto y le ha dado por sentir más.
A veces simplemente necesitas mirar a los ojos y no decir ni una palabra. A veces el mundo necesita más amor, tanto amor como el que tienes guardado dentro de ti.
A veces tú necesitas decirlo, soltarlo, gritarlo, dejar de pensarlo y pronunciarlo: te quiero.
Y a veces hay otra persona que necesita escucharlo.
A veces simplemente hay que arriesgarse, aún sin saber si valdrá la pena pese a que, de antemano te digo, cualquier riesgo valdrá la pena. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

No te rindas. Arriésgate por ganar.

Siempre el camino se tuerce, se nos van de las manos situaciones, nos ganan los miedos, nos estremece la lluvia y nos hacemos pequeños ante la niebla que entorpece la huida. 
Siempre habrá motivos por los que echarse atrás en un montón de situaciones, siempre habrá mil motivos para no intentarlo, siempre existirán esos miedos que tantas veces se interponen en el camino, siempre estarán nuestras pocas ganas y nuestra pereza repentina. 
Siempre nos costará decir no cuando decimos sí por compromiso y cuántos síes diremos sin sentirlos verdaderamente. Siempre veremos más motivos por los que tirar la toalla aún sabiendo que hay mil más por los que levantarse del suelo en cada caída. Cuántos partidos daremos por perdidos cuando aún quedan muchos minutos por jugar, cuántos partidos daremos perdidos sin haberlos jugado, cuántas veces nos arrepentiremos de no haberlo hecho. 
Siempre veremos demasiado lejos el final del túnel porque, al fin y al cabo, nosotros queremos verlo así. No por decisión propia, ni mucho menos, sino por la esperanza perdida y las pocas ganas de luchar después de tantas guerras. 
Pero, en cambio, siempre habrá un motor repentino que hará que aumenten nuestras ganas de luchar por algo, siempre habrá un motivo que creíamos olvidado o simplemente un motivo que no aparecía en nuestros planes. Siempre habrá una manera de enderezar el camino, una forma de que la situación no se nos vaya de las manos o, al menos no del todo. Estoy segura que siempre podrás encontrar la manera de alejar los miedos, de evitar que la lluvia te estremezca demasiado y la niebla impida que camines con el mismo paso firme de siempre. 
Estoy convencida de que los motivos por los que continuar siempre serán mucho más grandes e interesantes que todos aquellos que pueden hacer que te eches para atrás y sabrán perfectamente como asustar a tus propios miedos porque, al fin y al cabo, son solamente tuyos. 
Seguro que estás muriéndote de ganas de decir sí pero te da miedo a perder, a las críticas o yo que sé a que... pero no debes detenerte antes nada ni nadie. Tú vales. Tú decides. Tú dices cuando sí y cuando no. 
Quiero convencerte de que no tienes tantos motivos por los que tirar la toalla, que tampoco es para tanto cualquier situación o cualquier bache y que el final de cualquier mala racha la nunca estará demasiado lejos. Solo tienes que aguantar un poquito más. 
Pero en todo. Siempre aguanta un poco más, resiste un poco más, mantente firme un poco más, lucha un poco más. La recompensa nunca dejará de estar más cerca en cada empujón. 
No te rindas. Arriésgate. Arriésgate porque al final, si no arriesgas no ganas y nunca sabes donde puede estar esa victoria. 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Quiero que sepas...

Quiero que sepas que desde el primer día supe que sería difícil olvidarte, que desde entonces no hay un solo día en que no pensara en ti de alguna u otra manera, que nada es lo mismo desde aquel momento y que sí, que me encantaría que todo fuera diferente en estos momentos. 
Quiero que sepas que nunca ha habido nadie como tú, nadie que me dedicara la canción más bonita del mundo, nadie que fuera capaz de encontrar la melodía perfecta acompañada de una letra maravillosa, nadie que consiguiera moverme el cielo y la tierra de esta manera tan extraña, nadie que me hiciera sentir tanto y de formas tan diferentes. 
Quiero que sepas que no ha habido un solo día en que no intentara olvidarte y que a pesar del tiempo, las circunstancias y la distancia no he podido cambiar todo esto. 
Quiero que sepas que a nadie he vuelto a mirar como te miré a ti, a nadie he vuelto a querer como te quiero a ti, a nadie he sentido tanto como a ti. 
Quiero que sepas que me encantaría que estas palabras no fueran para ti pero inevitablemente todo ha ido hacia ti en los últimos tiempo, que no he podido dejar de necesitarte en muchos momentos y que me arrepiento de muchas cosas. 
Quiero que sepas que muchas veces me he lamentado al haberte pedido tiempo, tiempo para nada porque al fin y al cabo lo que sentía estaba claro. Quiero que sepas que me encantaría volver el tiempo atrás y arreglarlo todo, no pedirte una tregua innecesaria, sino pedirte que todo aquello fuera real y sincero, que me dieras todo de ti y dejarte tomar todo de mi hasta que el final que estuviera marcado. Quiero que sepas que sí, que sé que te hice daño y lo siento. Lo siento por ti y lo siento por mi. 
Quiero que sepas que las guerras están para ganarlas y yo sigo peleando en la mía por ti, aunque mucho tiempo he estado apartada. 
Quiero que sepas que nuestra canción siempre ha estado la primera en mi playlist desde aquel domingo 13 y que marzo siempre será mi mes favorito, que la lluvia me encanta más desde que fue nuestra cómplice y que aquel rincón nunca dejará de ser tan nuestro. 
Quiero que sepas que a nadie he vuelto a mirar de la misma manera aunque esto al fin y al cabo no importa mucho, que como tú no ha habido otro y que siempre he estado pendiente de ti aunque ni siquiera me diera cuenta. 
Quiero que sepas que por mi volvería a intentarlo pero buscaría la manera de disipar todas las dudas que en algún u otro momento me pudieran visitar. 
Quiero que sepas que sé de sobra que estas líneas jamás te van a llegar pero no me importa porque tengo la mínima esperanza de que el destino te lleve involuntariamente hacia ellas. 
Quiero que sepas que siempre estaré por ti. Que siempre estaré para ti. 
Y quiero que sepas que sí, sé de sobra que tengo que pasar página y es lo que llevo intentando hacer cinco años pero no es tan fácil. Pero no te preocupes, lo seguiré intentando. Siempre. 
Pero...
Quiero que sepas que te quiero. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Esta vez quiero ser yo.

Esta vez quiero ser yo. Yo simple y perfectamente. Esta vez quiero quererme yo, gustarme yo, sentirme yo, amarme yo. Esta vez quiero cometer yo mis errores y avergonzarme de mi misma sin que tú hagas lo mismo. Esta vez quiero deberme a mi, hacerlo por mi, dejarte a ti a un lado, ser yo. 
Esta vez quiero dejar atrás las ataduras, los miedos, las culpas, las imperfecciones, el "no me arriesgo". 
Sí, me voy a consentir. Sí. Me voy a ponerme guapa para una ocasión especial, esa ocasión especial en la que yo me quiero verme bien para mi misma y no para gustarle a alguien. Me voy a poner esos tacones altos e iré marcando el paso por mi, porque quiero sentirme firme y segura en cada uno de los escalones que suba en este camino. Me voy a desmaquillar y de igual manera saldré y subiré la cabeza bien alto con la certeza de que he hecho las cosas bien, que no debo temer a nadie, que todo esta bien para mi porque yo así lo quiero. 
Esta vez quiero volverme a enamorar. Y para ello quiero estar bien. Esta vez quiero volverme a enamorar de mi, de mis ojos marrones a la sombra y miel cuando salgo después de un nubarrón, de mis ojos maquillados o al natural, de mi sonrisa sincera, de mis marcas y heridas de guerra, de mis pocas ganas muchas veces de arreglarme demasiado, de mis uñas despintadas. Esta vez quiero volverme a enamorar de mi misma con la certeza de que a nadie le debo regalar mis malas noches, mis malas rachas, ni mis malas contestaciones. 
Esta vez no quiero ser yo, esta vez sí voy a ser yo. Haz tú lo mismo porque te lo mereces. Sí, créeme que nos merecemos enamorarnos de nosotras mismas, querernos a nosotras, hacer todo por nosotras y que lo demás sea secundario. 
Sé feliz tú, por ti. Yo estoy decidida a hacerlo. Yo lo voy a hacer. Sé feliz ahora, canta en la ducha y hasta en la calle a grito pelado si es lo que te apetece, salta en los charcos, vete sin paraguas en medio de un chaparrón y baila bajo la lluvia, grita cuando lo necesites, vete como te de la gana pero, sobre todas las cosas: hazlo por ti, sonríe por ti, esta vez sé tú, quiérete tú, enamorarte tú pero de ti. Hazlo por ti. 
Yo lo voy a hacer por mi. 
Esta vez voy a ser yo.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Siempre nos quedan los recuerdos.

Hacemos el balance de lo bueno y malo cinco minutos antes de la cuenta atrás. Cinco minutos antes de que el verano empiece a dar sus últimos coletazos, antes de que la lluvia nos persiga a todos lados y los prados verdes estén cubiertos de hojas secas consumidas por el sol achicharrante que ha hecho de nuestros cuerpos un conguito. 
Hacemos el balance de cada uno de los momentos buenos que cada minuto de este verano nos ha dejado. Repasamos cada instante, cada mañana y cada tarde, nos aseguramos que todo se quede grabado en nuestra memoria y dejamos que las lágrimas inunden nuestros ojos. 
Hacemos el balance de los baches que nos hemos encontrado a lo largo de este trayecto, un balance de la gente que se ha bajado del tren antes de llegar a la estación, de los malos momentos que han hecho de nosotros personas muchísimo más fuertes y valientes. 
Ahora atrás quedan los bailes hasta que salga el sol, las fiestas con resacas homicidas y las ojeras al día siguiente en las comidas familiares. Atrás también se intentan quedar los amores de verano o esos que son de siempre pero que al volver al sitio donde empezó todo hacen que todo vuelva a empezar. Atrás quedan las ganas. 
Atrás quedan las canciones, esas que nos recuerdan que "duele el corazón" y que nos invitan a decir ese "baila conmigo". También queda atrás "la bicicleta" de verano pero no nos olvidamos que seguiremos ahí, noche a noche "hasta que se seque el Malecón", que después de este verano hemos tenido "demasiado picky, picky, picky" pero aún "andas en mi cabeza" y que "ain't you mamma", "bobo". 
Y es que ahora llega una nueva etapa con un montón de cosas nuevas. Llega una etapa en donde empezaremos muchas cosas de nuevo, lo volveremos a intentar, nos emocionaremos de distinta forma pero siempre volveremos al mismo sitio donde todo empezó un verano del 2016, ese verano que quizá no se repita nunca. Pero un verano.
Y empiezan a caer las primeras hojas, apuran las olas a revolcarnos en la arena y el sol se empieza a esconder porque está tímido. Pero no nos preocupemos, siempre lo mejor está por llegar y todo eso viene en camino. Paciencia. 
Pero las hojas empiezan a caer, el miedo nos acecha y nos alejamos cuando una lágrima empieza a brotar porque, al final de todo, siempre nos quedan los recuerdos de un verano que nunca se volverá a repetir. 

lunes, 29 de agosto de 2016

Un camino. Un destino.

Quizás sea el tiempo de que nuestros caminos se bifurquen, que tú tomes tu camino y yo siga por el mío, que simplemente continuemos cada uno por nuestro lado con la firme convicción de que todo hasta ahora ha sido excepcionalmente increíble. Tal vez sea el tiempo en el que nos demos un tiempo y dejemos que la distancia arregle las cosas o que simplemente las deje como están y no siga dando más de sí todo esto. Tal vez los errores nos están matando y tanto tira y afloja nos esté pasando factura porque al final de cuentas los errores si se siguen repitiendo no sirven para nada más que para caer una y otra vez en el mismo precipicio.
Tal vez necesitemos eso que se llama tiempo y espacio. Tiempo para dejar que las heridas sanen y espacio para que tampoco nos vaya tan mal. Tal vez simplemente tenemos que darle rienda suelta a las ganas de seguir pero cada quien por un camino distinto y, ¿quién sabe?, tal vez al final lleguemos a la misma meta. 
Esta es nuestra vida y tenemos un camino hacia nuestro destino. Nunca sabremos si estamos predestinados a acabar en el mismo punto juntos otra vez o simplemente estamos predestinados a parar nuestra historia en este mismo instante. No sé. Piénsalo. Quizá lo mejor sea continuar cada uno por su camino. 
No tengas miedo a lo que venga, no tengas miedo a lo que pueda pasar. Nos queda un buen trecho por recorrer y aunque quizás no sea todo lo sencillo que podremos pensar seguramente merezca la pena. Merecerá la pena pese a las recompensas y obstáculos que nos podamos encontrar. 
Por favor, no tengas miedo porque sé de sobra todo lo valiente que eres. Por favor, no tengas miedo porque arriesgarse a intentar cosas nuevas merecen la pena, porque ese riesgo que estamos a punto de cometer nos hará tremendamente grandes, poderosos y fuertes. No tengas miedo a enfrentarte a un futuro oscuro e incierto. 
Simplemente ten la valentía suficiente para saber que tienes que ser más fuerte que tus miedos, la valentía necesarias para salir de cada uno de los baches que se interpongan en tu camino... porque yo pienso ser valiente por mi y por el final que me espere en este nuevo camino que escojo. Porque sé que este es mi camino hacia un destino que no sé en qué dará, pero no me importa. 
Tal vez el destino me vuelva a llevar a ti. O no. No importa. Al menos tendré la certeza de que intentarlo mereció la pena. Haz tú lo mismo. Por favor. 


lunes, 22 de agosto de 2016

Arriesgándonos de nuevo.

¿Por qué no lo volvemos a hacer?, ¿por qué?
¿Por qué no volvemos a arriesgarnos?
Por qué no volvemos a perder el tiempo cuando lo ganamos, nos rendimos cuando seguimos luchando, le damos rienda suelta a la desesperanza cuando hay mucha esperanza que todavía no está perdida, nos volvemos cuerdos cuando más majaretas estamos. 
Por qué no nos miramos en silencio, en medio de un montón de gente y con la música a todo lo que da y decidimos amarnos así, hacernos así, querernos así... a miradas. 
Por qué no vamos corriendo y nos escondemos de tanta multitud, por qué no dejamos que las ganas nos puedan cuando no podamos más y tentamos al destino para que nos vuelva a cruzar en el mismo camino que una vez se nos desvió. 
Por qué no vemos las estrellas abrazados en una noche nublada y cada mañana despejada vemos las nubes dibujando imaginación. Por qué no creemos en imposibles mientras seguimos cumpliendo posibles. Por qué no juntos. 
Y por qué no paramos el tiempo y nos dejamos ir lentamente cuando el tiempo corre rápido. Por qué no nos dejamos querer con la mirada y hasta con las caricias. Por qué no dejamos que nos ganen las ganas de vez en cuando y por qué no dejamos atrás este estancamiento. 
Por qué no nos dejamos consentir, no nos dejamos querer, no nos dejamos ir y nos vamos perdiendo. Por qué no nos dejamos perder para luego encontrarnos solamente nosotros, encontrarnos en ese lugar llamado paraíso donde los sueños son más fáciles de cumplir. 
Por qué no dejamos los reparos y arriesgamos nuevamente. Por qué no arriesgamos todo a una carta, por qué. No importa la derrota, no importa si nos va bien o mal. No importa. Solo importa ganar. 
Ganar. 
Ganarte.
Ganarnos. 
Arriesgándonos de nuevo. 


lunes, 15 de agosto de 2016

El primero y el último. El único.

Me gustaría que volvieras a ser el primero. El primero y el último. El único. 
Me gustaría que fueras el primero en ver mis primeras inseguridades sobre ti, mis miedos a arriesgarme a decírtelo todo, mi vergüenza al no saber si ir o no, mi nerviosismo en aquella primera cita, mi desconcierto después de todo y que llegáramos hasta todo aquello. Me gustaría que me vieras por dentro, todo lo que yo estaba sintiendo en aquel estúpido momento en el que se me ocurrió parar todo y dejarnos en un punto y seguido que al final se convirtió en aquel innecesario punto final. 
Me gustaría que siguieras siendo el primero en verme llorar a escondidas, que fueras el único capaz de consolarme en los peores momentos, el que supieras exactamente como hacer que todo fuera a mejor, el que nunca me fallara... pero al final, sin querer o queriendo, alguien nos falla. 
Me hubiera gustado tenerte como el primero en todo, como el primero en caricias en la espalda, sentirte lento en mi y que nadie nos dijera lo que estaba mal o bien. Pero, al final, el hubiera no existe y los rumbos que tomamos fueron totalmente diferentes. 
Hoy tengo la oportunidad de dejar que tú nuevamente seas el primero aunque no sea así, porque sigo queriendo que seas el primero, el último y el único. Y es que, al final, cuando me quito esa máscara de "soy fuerte y puedo con esto" soy la más débil del mundo, la más estúpida y la que más veces vuelve a caer. 
Porque sigo queriendo que seas la primera persona a la que vea cada mañana, quiero que seas el primer beso de buenos días y, porque no, el primer polvo. Porque sigo queriendo que seas la primera persona en aguantar mi mal humor mañanero, en decirme "que te vaya bien el día", el que se acabe convirtiendo en mi rutina más perfecta, que me aburra con sus relatos sobre qué tal le ha ido el día, el que no tema al futuro siempre que sea conmigo y que sepa que siempre ha sido para mi el único. Quiero que seas el único que  esté totalmente seguro que, aunque hayan habido otros, al final siempre estabas tú. 
Porque el primero es el que marca y el que yo quiero que se marque para siempre. 
Me gustaría que volvieras a ser el primero en absolutamente todo, sin excepciones. Porque al final, el único que me importas eres tú. Me importas aunque ni siquiera leas esto y te des por aludido. Me gustaría que te dieras cuenta de todo de la única manera en la que creo que mejor sé hablar. Y me gustaría que lo vieras como el texto más personal que he escrito antes. 
Porque...
Me gustaría que fueras el primero. El primero y el último. El único. 


lunes, 8 de agosto de 2016

Huellas imborrables.

Eh, tú. Sí, sí, tú que miras a los lados indeciso, que sientes miedo a arriesgarte, que cada día se pone más cuesta arriba, que temes a mirar hacia arriba y pensar a lo grande. 
Eh, sí, tú, que cada día piensas que será peor que el anterior, que ya no merece la pena, que para qué arriesgarse si siempre vas a seguir perdiendo, que para qué tanto esfuerzo si al final nunca encuentras tu recompensa. 
Oye, tú, que cada día das más por perdido, que cada vez sientes más miedo, que te tiene miedo hasta a ti mismo, que callas tantas cosas que deberías gritar, que vives pensando en que de otro modo quizá sea más sencillo pero aún así no buscas la manera. 
Eh, tú, que vives creyendo que cada pequeño instante es insignificante y que lo que valen son las palabras sin pensar que quizás los actos sean muchísimo más importantes. 
Eh, tú, que naufragas una y otra vez y no buscas una solución, que crees que quedándose quieto se arreglan las cosas, que no busca la luz al final del túnel... ¿crees que esa sea la solución?, ¿crees que estancándote vas a llegar más lejos?, ¿crees que no luchar merece mucho la pena o que quizá arregle algo? 
Que equivocado estás y que triste que sea así porque te mereces mucho más, te mereces mucho más de lo que consigues y no consigues más porque tú no quieres realmente. 
Y es que, al final de todo esto que estás viviendo, cada día de más es un día de menos, un día de menos para algo, para alguien, para ti. Es que, al final, cuando más tiempo pases estancado de un foso peor será y más complicado se pondrá el poder salir porque se sale de cada uno de los baches con los que nos topamos a lo largo de este gran camino, porque se sale de cada racha, porque se avanza. Y es que, al final, todo es luchar. No vale quedarse ahí parado viendo la vida pasar, no vale creer que así es la vida, que aunque sea mala va a pasar sin más. No. 
Porque debemos preocuparnos de dejar huella en cada uno de nosotros, una huella que no únicamente dure un tiempo, ni unos meses o unos cuantos años, sino que debemos preocuparnos de que nuestra huella quede en esas personas que nos han rodeado y nos han apoyado día sí y día también por siempre y para siempre. Pero, es que si tú no te esfuerzas por tatuar esa huella en la gente con más actos y menos palabras, con sonrisas, con lucha, con esperanza... si no te preocupas por hacer las cosas bien nunca saldrán bien.
Preocúpate sobre todo por ti, por hacerlo bien, por crearlo bien. Preocúpate por dejar huellas imborrables, de esas que aunque no estemos siempre nos recordarán.  



lunes, 18 de julio de 2016

Empezamos. Volvemos a empezar.

Empezamos poco a poco, con miradas cómplices y sonrisas silenciosas. Empezamos poco a poco de nuevo porque a prisa ya nos fue mal una vez. Empezamos poco a poco porque el miedo nos gana lentamente. Empezamos poco a poco porque los errores nos recuerdan lo malo, porque lo bueno tiene que estar por llegar. Empezamos poco a poco, suavemente y con delicadeza, con valentía, fuerza y ganas. Empezamos.
Y si nos equivocamos ya no nos tenemos miedo, ya nos tenemos paciencia, ya nos queremos un poco más fuerte, ya nos dejamos ir sin miedo a perder porque ganar tiene un bonito sabor.
Y nos tenemos ganas, ganas al máximo, ganas de cada uno de nosotros. Y nos miramos a los ojos porque querernos es nuestro mayor fuerte, porque tenernos es nuestro regalo favorito. Y nos dejamos ir, fluyendo entre el aire. 
Pero volvemos a empezar sin miedo a nadie, volvemos a empezar desde la primera mayúscula y dejamos fluir las nubes en el medio de nuestro mar. 
Y volvemos a empezar. Y empezamos por miradas inocentes y sonrisas cómplices. Y empezamos por palabras que dicen todo y risas escandalosas. Y volvemos a empezar porque me encantas. 


lunes, 11 de julio de 2016

Prométeme...

Prométeme que nunca te irás, que siempre seguirás aquí pase lo que pase, que siempre cantarás mi canción favorita antes de dormirme, que me sacarás de mis casillas y me echarás la bronca cuando haga algo mal. Prométeme que pase lo que pase siempre serás mi mayor punto de apoyo, que estarás ahí conmigo en los momentos más felices y que serás mi guía en los no tan buenos. Prométeme que después de cada pesadilla tú estarás a mi lado acunándome para calmarme y que me secarás las lágrimas cuando las heridas se abran y duelan. Prométeme que ningún día de mi vida estarás lejos aunque estemos a muchos kilómetros de distancia, que siempre tendrás un rato para escucharme en silencio y para que te cuenta sin palabras. Prométeme que me mirarás y con tus ojos, sin decir nada, me tranquilizarás. 
Prométeme que nunca te vas a ir, por favor. Prométemelo porque yo sin ti no puedo, no puedo ni quiero. 
Prométeme que siempre seguirás siendo la mejor de mis consejeras, mi mejor amiga, mi compañera, mi confidente. Prométeme que nunca abandonarás mi barco, prométemelo. 
Porque sí, sé que algún día todo acabará. Tú te irás y yo me quedaré aquí pero... pero que también sé que del todo ya no vas a ir porque aquí queda tu promesa, la promesa de cuidarme siempre, de protegerme siempre, de ayudarme siempre, de guiarme siempre, de acunarme siempre, acurrucarme siempre, de espantar mis miedos y pesadillas... 
Porque me prometiste desde el minuto cero que siempre me cuidarías y sé que, pase lo que pase, esa promesa SIEMPRE va a prevalecer. 
Siempre.
Para siempre. 

lunes, 4 de julio de 2016

Eternidad. Tú + yo.

¿Y quién sabe si estamos cayendo de nuevo o no?, ¿quién sabe ahora que esto que surge es distinto o lo mismo que antes?, ¿quién nos puede decir que no cuando a gritos estamos pidiendo que sí?, ¿quién es nadie para juzgar todo esto, decirnos que no podemos, que debemos parar?
¿Qué sabe nadie lo que a gritos callamos, lo que en silencio nos contamos, lo que al mirarnos sabemos?, ¿qué sabe nadie de ti y de mi, de nosotros, de nuestros miedos, de nuestros defectos, de nuestras imperfecciones?
Y dime, ¿qué perdemos intentándolo de nuevo?, ¿cayendo en el precipicio del "dejarse llevar"?, ¿dejándonos llevar por el murmullo de las olas que nos envuelven y nos hacen ser uno otra vez?
Dime, ¿qué perdemos cuando nos miramos sin abrir los ojos, nos tenemos sin tocarnos, nos sentimos sin sentir, nos cantamos sin mover los labios, nos dejamos llevar sin haber ido nunca?
¿Y si nos dejamos ir a donde el destino nos lleve?, ¿y si dejamos que el mundo nos envuelva y construya nuestro rumbo?, ¿y si soñamos con ese futuro aún por escribir?, ¿y si lo escribimos juntos?, ¿y si borramos la primera parte de nuestra historia, la arreglamos y comenzamos de nuevo?
Rompamos los miedos, rompamos las ataduras, las telarañas frágiles. Hagamos de cada instante un momento eterno, aunque dure segundos. Hagamos de cada momento una eternidad, porque nada es más grande que tú+yo y la eternidad. Porque la eternidad siempre será nuestra, porque se construye con pedacitos de los dos, porque se construye de todos esos momentos, porque la construimos si queremos. Porque hoy nos lo mereces, nos merecemos los días y las noches. Nos merecemos toda la eternidad.
Eternidad.
Tú + yo.

martes, 28 de junio de 2016

<< A V A N Z A >>

Fuera la gente corre, va de un lado para el otro, escapan de sí mismos o quizá de algo o alguien. La gente va y viene. 
Tú, en cambio, sigues en el mismo punto de siempre, parada, estancada, esperando que algo o alguien te motive a continuar con lo que tenías en mente o cree alguna idea nueva. Pero nada pasa, todo continúa a tu al rededor pero no dentro de ti. Tú no continúas. Tú sigues ahí parada, como si nada tuviera sentido, como si el tiempo se hubiera detenido pero siguiera contando los minutos, horas y segundos. 
Recuerdas todo eso que alguna vez estuvo ahí para motivarte y te vuelves a dar cuenta, una vez más, que ya nada está, que nada sigue siendo lo mismo, que todo ha cambiado pero tú sigues erre que erre, haciendo tu mayor esfuerzo porque todo vuelva a su sitio. Tú sigues constante y persistente, agotando las fuerzas que seguramente ya no te quedan, agotando las posibilidades que ya no existen, agotando las ganas que se esfumaron hace tiempo. 
Pero quieres seguir, seguir porque aquello te gustaba y te das de bruces con la realidad, con la realidad real, la que es, la que tiene que ser. Te das de bruces con todos los sueños que ya no podrás cumplir, con todo lo que dejaste ir por querer ganar lo que ya estaba perdido, por encontrar lo que ya nadie sabía donde se escondía. Te abres la brecha de siempre, en el sitio de siempre y no escarmientas, ¿o, en cambio, esta vez sí? Sí, esta vez sí.
Ahora empiezas a caminar de nuevo, dándate cuenta a cada paso que todo es diferente, nuevo. Dándote cuenta a cada paso que tienes que volver a construir sueños, a renovar ganas, a buscar esperanzas, a saltar muros, derribar obstáculos. 
Tal vez esta vez toque hacerlo todo sola pero, ya sabes lo que dicen por ahí: "mejor sola que mal acompañada". 
Anda, poco a poco. Camina, paso a paso. Sueña, noche a noche. Sonríe, día con día. Avanza. Adelante.  

lunes, 20 de junio de 2016

Necesito sudarte.

Necesito sudarte, sudar las ganas de tenerte, las ganas de saberte aquí, las ganas de empezar lo que ya está más que empezado. Necesito sudarte y que tú me sudes a mi. 
Necesito entremezclarme entre mil versos, escuchar juntos las canciones más impensables y que en silencio nos enamoremoss del sonido de la lluvia. 
Necesito necesitarte y que siempre seas necesidad, que nos dejemos llevar por el rumor de las olas y que nuestra canción favorita sea esa que todavía no está escrita.
Necesito saberte cerca porque lejos no puedo, que me mires y sepa que no hay más ojos que los míos, saber que esos labios están pa' mi.
Necesito que nunca te canses de mi, de mis ganas de ti, de mi risa escandalosa, de mis miedos estúpidos, de mis temores más extraños. Necesito que no te canses de mi, igual que yo nunca me cansaré de ti, de tus manías, de tu risa silenciosa y de esas miradas que sin decir nada lo dicen todo.
Necesito que siempre estés aquí, conmigo y necesito estar ahí, contigo. Necesito que me necesites y que nunca me eches de menos, porque de más ya nos echaremos en su momento. 
Te necesito. 
Necesito sudarte, como se suda un día de verano. Necesito sudarte en cada beso, en cada caricia, en cada embestida, en cada calada, en cada mordisco. Necesito surdarte en cada instante que nos llene, en cada minuto que sea eterno, en cada peculiar recuerdo, en cada esperanza. Necesito sudarte en cada una de tus miradas, en cada una de mis carcajadas, en cada una de las promesas, en cada noche larga, sin dormir y entre tus sábanas.
Necesito sudarte a ti y que tú sudes de mi.
Te necesito. Aquí. Conmigo. 

lunes, 13 de junio de 2016

Rompamos el hielo.

Rompamos el hielo. Tú primero, yo después. Empieza tú con caricias en los ojos y sonrisas en la mirada. Empieza tú que yo te sigo. Empieza tú a desnudarme con pestañeos que yo te desnudo a caladas. 
Empieza tú que yo no espero, porque me cansé de esperar, me decido y rompo el hielo. Y me arriesgo, me arriesgo porque hay errores que nos hacen felices, porque hay caricias que se dan sin tocarse, porque hay miradas que no se ven pero se sienten. Y me arriesgo porque aunque pierda sé que ganaré por ser contigo. 
Rompo el hielo. Y me lanzo. Y te siento respirar agitado. Pero rompo el hielo y sé que tienes miedo, tanto o más que yo. Y lo intentamos, ¿quién sabe cómo saldrá esto? Espero que bien y sino... pues sumamos lecciones. 
Rompe el hielo, ahora tú. Déjate ir, que yo me voy contigo. Déjate ir, que yo sigo aquí. Déjalo. Pero rompe el hielo.
Te sonrío con la mirada y tú me devuelves la sonrisa en forma de caricia. Te devuelvo la caricia en forma de susurro y tu me devuelves el susurro en forma de suspiro. Te suspiro y me agarras fuerte. Me miras sin abrir los ojos, te miro y sé que es ahora o nunca. Y lo intento. Y me dejo ir y te vas conmigo. Y te siento latir en mi y tú sientes mis latidos en ti. 
Y rompes el hielo cada segundo, y me dejo romper ante ti. Me hago débil, me hago fuerte, sonrío y no temo a nada más que a que todo esto se acabe. Entonces, entiendo todo. Entiendo que estábamos destinados a comernos a miradas y a matarnos a caricias. 
Y entonces entiendo el hielo, entiendo que se rompa... y entiendo que tú y yo ahora somos yo y tú. Y no me arrepiento porque si esto es un error... bendito error, porque me hace muy feliz. 
Y siento como rompes el hielo, y lo rompo contigo. 
Rompamos el hielo.
Tú.
Y.
Yo.

lunes, 6 de junio de 2016

Arráncate. Arráncame.

¿Y cómo hacemos ahora?, ¿cómo empezamos cada uno por nuestro lado?, ¿cómo hacemos para seguir con nuestra historia?, ¿cómo hacemos para borrar todos los recuerdos?, ¿cómo vamos a hacer ahora para que duela? Porque duele, lo quieras o no, nos duele. Duele dejar atrás el pasado, duele dejar atrás las cosas vividas, los recuerdos, los momentos, las canciones, los regalos, los días y las noches. Pero también duelen las mentiras, duele la incertidumbre, duele las horas en silencio, los días de silencio, los poemas que me recuerdan a ti, los cuadros que ya no miramos, las películas que tanto nos gustaba ver juntos. 
Duele.
Duele sentir que todo esto acabó, que aquí está nuestro final, que aquí va la palabra fin, que tú por tu lado y yo por el mío. 
Duele.
Duele mirar y no verte, querer y no poder, llorar y que sea por ti, odiar y que sea a ti, pensar y que sea en olvidarte, empezar algo y que sea sin ti. 
Duele.
Duele pensar en aquel futuro que teníamos, en aquel futuro que ya no es nuestro ni de nadie. Duele no saberte, no verte, no tenerte, no abrazarte, no sonreírte, quererte. 
Duele.
Duele decirte adiós hoy y todos los días, arrancarte de aquí, arrancarte de mi. Arrancarte. 
Arráncame. 
Arráncame el dolor, las ganas de ir a buscarte, las ganas de soñarte, las ganas de quererte, las nochas en vela, las lágrimas. Arráncame. 
Arráncate de mi.
Arráncame de ti.