lunes, 30 de noviembre de 2015

Extraño todo lo que fue...

Te extraño porque un día esto fue grande. Te extraño porque antes esto fue importante. Te extraño porque me sale de dentro. Te extraño porque a pesar de todo algo me recuerda a ti. Te extraño porque todo ha cambiado. Te extraño porque fuiste importante. Te extraño por todo eso que nos dimos. Te extraño porque fuiste un gran punto de apoyo. Te extraño porque los momentos serán eternos.
¿Recuerdas los días de sol?, ¿recuerdas las mañanas o tardes de cafés?, ¿recuerdas las conversaciones?, ¿recuerdas los consejos?, ¿recuerdas las alegrías compartidas y las penas repartidas? 
Yo sí. ¿Ya se te olvidó? A mi jamás. 
No olvido nada, no olvido nunca. No olvido porque gracias a todo eso ahora estoy aquí, he llegado hasta aquí, tú eres parte de mi y espero yo ser parte de ti. Espero, realmente, haberte ayudado a ser mejor persona. Espero, de verdad, que jamás se me olviden tantas lecciones de valentía y fortaleza que me diste. Espero, de todo corazón, que todo te vaya de muerte, que busques en otra persona esos consejos que yo ya no te daré, que alguien más te haga volver a vivir todo lo que algún día vivimos. 
Prometo no olvidarte, no olvidarme, no olvidarnos. Prometo que siempre estará tu voz dentro de mi, tu alegría esparcida por toda la habitación, todo esos consejos dentro de mi. 
Pero déjame extrañarte hoy. Déjame recordarte hoy. Déjame tenerte hoy aquí, a mi lado. Déjame pedirte por última vez perdón por no haber sido más valiente en algunos momentos, más sincera en muchas ocasiones, más cariñosa cuando más me necesitaste pero así soy. Me tomaste así y ahora ambas nos alejamos... 
Quizá esto haya sido lo mejor... al menos, sé que para mi sí. Sé que poner distancia a todo lo que nos dimos es lo mejor. Yo ahora estoy bien y sé que tú también. Eso es lo que cuenta.
Aunque, realmente, no sé si te extraño a ti o a todo lo que fue. Creo que es más lo segundo que lo primero pero no importa. 
Supongo que alguien volverá a ser tanto como fuiste tú, supongo que alguien volverá a darte los mejores consejos y a mi más de lo mismo, supongo que algún día todos estos recuerdos solamente nos harán sonreír y sentir que hubo un tiempo en el que nos tuvimos la una a la otra. 
Pero, bueno, también supongo que nada es para siempre... excepto mi deseo de que seas eternamente feliz. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Solamente eso. Solamente todo. Solamente.

Quiéreme cuando ya nadie esté, cuando las luces de la calle se enciendan, cuando el primer rayo de sol acaricie nuestros cuerpos, cuando la lluvia caiga fuerte, cuando la nieve se haga presente, cuando la primavera nos enamore, cuando el otoño desvista los árboles, cuando el verano nos achicharre, cuando el invierno nos congele. Quiéreme cuando ya nadie lo haga, como nadie lo ha hecho, como cuando ya no hay nada después. Quiéreme como si fuera el final, como si solamente fuera el principio. Quiéreme como se quiere a la nada y al todo, como cuando no queda nada, como cuando queda todo. Quiéreme como nunca y como siempre. Quiéreme.
Dame todo eso que pensaste jamás darme, dame todo lo que no tengas, dame el calor y el frío, dame la noche y el día, dame lo bueno y lo malo. Dame todo de ti porque no dudes que tendrás todo de mi. Dame.
Toma todo lo que tengo, todo lo que soy, todo lo que seré contigo porque lejos de ti no hay nada. Toma los días grises, las tardes de sofá, manta y película, los fríos inviernos, las calurosas tardes de verano, el tímido atardecer de otoño y el bonito color de la primera. Toma.
Ámame con mis defectos y virtudes, con mis buenos y malos momentos, con mi buen humor y mis enfados, con coleta o pelo suelto, en chándal o vestido. Hazlo como tú sabes, como tú quieras. Pero hazlo. Ámame. 
Hazlo todo y déjame con todo. Todo lo tuyo y todo lo nuestro. Absolutamente todo y absolutamente nada. 
Porque soy toda de ti, porque soy todo tú. Porque eres todo de mi, porque eres todo yo. 
Solamente eso. Solamente todo. Solamente tú y yo. ¿Tan difícil es? Solamente. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Te prometo. Lo prometo. Me prometo.



Poco a poco te borro. Poco a poco empiezo de nuevo. Poco a poco sonrío. Poco a poco dejas de doler. Poco a poco todo viene de cero. Poco a poco salgo a flote. Poco a poco te alejo un poco más de mi. Poco a poco me convenzo de quererme. Poco a poco sale este poco que me diste y que fue tanto, tanto. 
Lentamente te olvido, olvido tu aroma, olvido tu voz, olvido tus recuerdos. Lentamente cicatrizo las heridas, evito más trampillas, me alejo de todo eso que algún día fue tan nuestro.
En un tiempo no muy lejano espero encontrarte de nuevo, encontrarte y darme cuenta de que ya no eres nada, que ya no estás aquí, muy dentro de mi. En un tiempo prometo verte, abrazarte y desearte todo lo mejor, todo lo bueno que quizá nunca te supe dar yo. Prometo mirarte a los ojos y no sentir nada más, tocarte y que ya no duelas, verte y no morirme de las ganas de volver a empezar contigo, solo contigo.
Prometo que aunque estés a mi lado ya no te siento tan cerquita, que aunque estés a mil kilómetros ya no te necesito aquí, a mi vera. Prometo que te prometí tanto que ya no voy a cumplir nada. Prometo que te estoy dejando de pensar, que nada me recuerda a ti como antes, que estoy bien. 
Prometo que he vuelto a empezar, como puedo. Prometo que puse punto final a aquella historia y que ahora estoy escribiendo una nueva, con otros protagonistas y en el que tú ya no estás. Prometo que no te juzgo, que nunca más lo haré, que estaremos bien. 
Prometo que te deseé siempre lo mejor, que nunca quise dejarte ir pero tú decidiste alejarte.
Prometo que de nada sirve prometer, que aquellos para siempre me lo demostraron de sobra. 
Prometo que esto ya no duele...
O sí. 
Pero prometo que si esto aún sigue doliendo algún día dejará de doler. 
Lo prometo. Me prometo todo. 


jueves, 12 de noviembre de 2015

Dolor. Ese dolor que nos hace fuertes.

Duele despedirte, decir adiós a algo que fue demasiado grande, mirar hacia adelante y no ver el futuro que tenías pensado en un pasado. Duele simplemente la ausencia de algo o de alguien, la falta de momentos, los errores cometidos, las ganas de enmendarlos, las oportunidades desperdiciadas.
Duele no poder abrazarte fuerte a esa persona ahora, saber que antes no tuviste el valor de mirar a alguien a los ojos y decirle ese te quiero que ahora pesa sobre tus hombros. 
Duele el respirar un aire contaminado de falsas esperanzas, los sueños rotos, la confianza perdida. 
Duele tener que cambiar el rumbo de la vida, ver como el destino cambia de forma, como las barreras son más altas, como los pasos cada vez son más cortos y la distancia mayor.
Duelen los recuerdos, los besos, los te quiero. Duelen hasta las cosas más insignificantes, lo que jamás creíste que dolería. 
Duele el tiempo perdido, las lágrimas derramadas de más, los pocos ratos de risa, el estrés acumulado, las palabras que no se dijeron por miedo a la respuesta, las frases inconclusas, los malos ratos y hasta los grandes instantes compartidos.
Duele mirar una foto y ver como las cosas han cambiado, como hemos cambiado, como habéis cambiado. Duele ver que nada dura eternamente, que las promesas se rompen, que los para siempre no existen. Duelen las canciones que  nos traen recuerdos del pasado, recuerdos que hay momentos en los que crees olvidados. Duelen los lugares que te transportan a tiempos quizá anteriores. Duele el dolor.
Y duele porque quizá debe de doler, porque los errores están para recordarlos y no volver a cometerlos, porque los recuerdos son lo más valioso que tenemos, porque la música dice todo eso que no tenemos huevos a decir, porque sí. 
Algún día, quizá, todo cambie y deje de doler. Pero mientras deja que duela, que las heridas escuezan y cicatricen, que los sueños que ya no serán cumplidos permanezcan en ti para mantener un brillo de esperanza. 
Por ahora, deja que el aire que duele corra por tus venas, que se te meta dentro, que te haga fuerte. 
Pronto o no tan pronto todo cambiará, la gente cambiará, dirás adiós o tal vez hasta pronto. 
Porque duele, sé que duele pero... pero que duela es bueno. A todos nos duele algo, a todos nos duele alguien, a todos nos duele el dolor, a todos el dolor nos hace fuertes. 

lunes, 9 de noviembre de 2015

A veces.

A veces el camino se pone cuesta arriba, a veces lo de esquivar baches no es lo tuyo, a veces no hay bastones en los que apoyarse, a veces la vida se pone en tu contra o el rumbo de tu destino cambia. Sí, a veces se tienen malos ratos, caídas inesperadas y más dolorosas de lo que uno acostumbra. Sí, a veces lo malo gana sobre lo bueno, las salidas se cierran y las ganas de seguir se van agotando. 
A veces todo se acaba antes de tiempo, sucede lo inesperado, sucede lo que no debería haber sucedido. 
A veces, simplemente, ocurre algo que te da la vuelta a la tortilla. 
Y la vida se consume entre a veces y muy de vez en cuando. Y la vida va pasando lenta o rápida. Y, a veces, la vida no nos da todo eso que nos gustaría, no nos muestra su mejor cara y nos da motivos para suspender la lucha. 
Pero, entonces, a veces te levantas después de la caída más dolorosa hasta el momento, llegas poco a poco y después de mucho esfuerzo a la cima de esa cuesta y, pum, las vistas son mucho más bonitas que desde abajo. A veces, después de inevitablemente caer en ese bache te levantas y sigues con todo y la herida porque, como dicen por ahí, el tiempo cura y cicatriza las heridas. Pero, a veces, tu mejor bastón eres tu mismo, tus sueños e ilusiones. A veces ese bastón que necesitas o ese pequeño impulso es todo eso que tienes dentro de ti. Búscalo, búscalo porque lo vas a encontrar.
A veces es muy de vez en cuando. A veces es siempre. A veces es ahora. Pero a veces es salir adelante siempre. 
A veces. 

martes, 3 de noviembre de 2015

Sé tú, perfecta imperfección.

Mírate. Mírame. ¿Lo ves? Somos completamente diferentes. Somos distintas. Somos eso que se dice perfectas imperfecciones. Como todos. Como nadie. Tú eres tú. Yo soy yo. Los demás... pues son los demás. 
¿Qué más da?, ¿qué más dan tus defectos?, ¿qué más da tu color de ojos?, ¿qué más da si vas en chándal o en vestido?, ¿qué más da unos nike que unos playeros sin más?, ¿qué más da la ropa de marca o la rosa de la tienda del pueblo? ¡Qué más da! ¡Qué más les da!
Tú eres tú. Tú eres perfecta. Eres perfecta con esa sonrisa tan perfectamente imperfecta, con esa coleta de lado, recién levantada, con pijama o en vaqueros, con el chándal de andar por casa o con ropa de gala. 
Eres perfecta así. Eres perfecta con esa vocecilla, con esa sonrisa, con esos ojos, con ese pelo, con ese cuerpo. ¡Eres perfecto!
Que sí, que podrán hablar, criticar, opinar... pero, ¿qué más te da a ti? Tú eres así porque te gustas así, tú eres así porque así eres. Eres y simplemente estás. Eres por ser, por existir. Eres por y para siempre. Eres tú. Tú misma. 
No sigas cánones estúpidos, no quieras ser lo que no eres, no quieras ser como esa famosa de la revista, no quieras cambiarte.
¿Cuántas veces más he de repetírtelo? Eres per-fec-ta. 
Quiérete tú, gústate tú, ámate tú, lucha tú, enamórate tú, complácete tú, sonríe tú, sé feliz tú. 
No intentes complacer a nadie más que a ti, no intentes gustarle a alguien más que a ti, no intentes cambiarte para enamorar a cualquier persona que se te antoje. 
Si vas a cambiar que sea porque tú lo necesitas, porque tú quieres, porque tú ya lo necesites pero nunca olvides que así o de cualquier otra forma vas a ser perfecta siempre y sin dejar de ser tú misma. 
Sé tú, perfecta imperfección.