sábado, 25 de abril de 2015

El mañana es para siempre.

Atrás. Muy atrás. Mucho más atrás. Pasado. Ese pasado que quizá duele. Ese pasado que simplemente se quedó guardado bajo llave en un cajón del corazón y el cual, a veces, abres.
Limpieza, toca hacer limpieza. Toca tirar a la basura lo que nunca fue, lo que fue por error y lo que todavía quieres que sea. Limpieza de heridas, recuerdos, sentimientos, mentiras. Mentiras, todas esas que alguien dijo. Mentiras. Mentiras. 
Limpieza de todo eso que nunca dijiste. Tantas cosas que nunca dijiste... guardadas están, guardadas por el "por si acaso". Guardadas para nada, desgastadas por el tiempo, convertidas en blanco y negro, polvorientas, sucias.
Limpieza. Olvido. Mentiras a la basura. Lo que nunca se dijo. Pasado. Rencor. Morriña. Adiós. Echar de menos.
Echar de menos lo bueno del pasado, los momentos con gente que quizá no está, con gente que hizo la obra de teatro de su vida, que eran un papel constante. Y ya da igual. Lo hecho, hecho está. Y ya no hay marcha atrás. Y ya, fuera, fuego. 
La limpieza está finiquitada, ya están todos los recuerdos lejos, lejos, lejos... y ya está todo listo para volver a empezar, empezar pensando en el presente y sin preocuparte del futuro. Porque, es que, el mañana... el mañana es para siempre. 


domingo, 19 de abril de 2015

Última parada: El diario de Adán y Eva.

Última parada de un gran viaje en Medina del Campo, a las 20:30 de un frío y lluvioso sábado de abril. El corazón encogido de la pena y las manos temblorosas por los nervios. 
"Hoy: El diario de Adán y Eva de Mark Twain." hacía su última parada (por ahora) tras un largo viaje de 2 años. Un recorrido en el que varias fueron las estaciones en las que paró a dejar huella, a relatar una historia con muchas lágrimas pero más sonrisas. Un recorrido de sueños en forma de funciones. Un recorrido de emociones, de magia pero, sobre todas las cosas, un recorrido de entrega total. 
Catalina y Felipe enamoraron, engancharon, ilusionaron y nos transportaron más allá de donde la imaginación pueda alcanzar. Nada de lo que allí se siente se puede expresar en palabras... ¿Sabes esas cosas que hay que vivirlas para poder entenderlas? Pues exactamente eso es lo que pasa. 
Ana y Fernando sublimes, majestuosos, naturales... ¿qué decir de ellos? Increíbles, realmente grandes. 
Lamento no haber estado en más que dos funciones, pues no sabéis el mono que te deja y es que, cuanto más la ves, más te gusta... También lamento que quizás los que leáis esto no hayáis tenido la oportunidad de vivirlo o, tal vez, dejasteis pasar ese "tren" de oportunidades.  Ay, señor, no sabéis lo que os habéis perdido. Maaaaal, muy maaaaaal.
El caso es que agradezco a ese "taxi a la vuelta de un París nevado" por haber estado en el sitio exacto y haber encontrado a las personas exactas para algo tan exacto. 
Es que, esas benditas carcajadas del público, esas lágrimas recorriendo las mejillas de cada espectador, esa pasión y entrega, ese amor por el arte. Ese Adán y esa Eva... no podían haber hecho mejor elección. 
Espero y deseo que esta última estación no sea la última de verdad y que, en algún momento, vuelva a arrancar el tren con ganas de seguir cumpliendo sueños, de enamorar, de hacer reír y llorar en segundos pero, sobre todo, de adornar tantas y tantas caras con grandes sonrisas.

Gracias Ana, gracias Fernando, gracias Ponferrada, gracias Medina del Campo, gracias Adán, Eva, Catalina, Manuela y Felipe. Gracias vida, por regalarme momentos grandes como estos... GRACIAS y ojalá nos volvamos a ver pronto donde las sonrisas se hacen en forma de sueños y la magia tiene forma de teatro y esencia de arte.

sábado, 18 de abril de 2015

...y tú.

El sol y tú. La playa y tú. La puesta de sol perfecta y tú. La música y tú. La vida y tú. Solamente tú. 
Las ganas de vivir y tú. Las ganas de luchar y tú. Las ganas de ser feliz y tú. Todo y tú. Nada y tú. 
Un recuerdo, un mal recuerdo. Tú detrás de esa ventana. Alejada de la sociedad pero tan metida en ella. Tú en tus pensamientos. Tú y un mal momento. Tú y la lluvia rociando las calles asfaltadas. La lluvia limpiando tanta contaminación de sentimientos y ajetreo. 
Pero tú estás muy lejos ya de esos tiempos. Tú ahora eres tú y aquella ya no está. Ahora tú eres tú misma. Ahora tú amas lo que ves, las pequeñas cosas. Valoras lo simple, agradeces con una sonrisa sincera, añoras lo que antes echaste de más pero disfrutas más de todo para que luego no sea demasiado tarde. 
Y sonríes. Y el sol se esconde tímidamente en el horizonte. Y el mar es testigo de lo mucho que te ilusiona ver ese momento en tu propia intimidad. A la mierda los malos royos, adiós a los malos momentos, "chao" a la porquería que un día te hizo mal.
Nuevo día por venir, un día menos. Productivo o no, ¡qué más da! Un día más disfrutado. 
Sonríes, luchas, amas, quieres, añoras, cantas, te da igual lo que piensen los demás, disfrutas, eres tú. Eres tú y solo tú.
El sol y tú. Lo perfecto y tú. El mar y tú. Cómplices de todo y de nada a la vez...
... y tú. 

domingo, 12 de abril de 2015

Deberíamos dejar ver lo que somos.

Hablamos de más, pensamos poco, nos dejamos guiar por tonterías, queremos tapar el sol con un dedo y siempre creemos que lo nuestro es lo mejor. 
Vivimos condicionados por estereotipos y si no llegamos a ese punto exacto de supuesta perfección ya no somos nada, no valemos nada. Vivimos condicionados por el qué dirán, por lo que está bien y lo que está mal. Vivimos hablando de más y sintiendo de menos. Vivimos haciendo algo que nos es estipulado por personas que ni conocemos ni nos conocen, gente "superior" que cree que mangonear a la gente es así de sencillo. Vivimos intentando tapar lo que somos realmente y dejamos entrever algo que nunca llegaremos a ser. 
Luchamos por sueños que tampoco son reales. Luchamos por tener un buen coche, una buena familia, ir a ver en directo ese clásico partido de fútbol, tenis o baloncesto. Luchamos por viajar a EEUU, Alemania, Reino Unido... 
Caminamos por la calle con el miedo a pisar mal la baldosa, mancharnos con barro o mojarnos el pelo en un día de lluvia. Caminamos con cuidado y a pequeños pasos. Caminamos artificialmente porque quién sabe que pensarán de mi cuando me vean andar de cierta manera.
Somos estereotipos, eslóganes, modelos... e intentamos llegar a ser estúpidos cánones de belleza. 

No es así, no tiene que ser así. Somos simples o compuestos, guapos o feos, gordos o flacos, sentimentalistas y enamoradizos, tiernos o duros. 
Deberíamos echar de menos antes de echar de más, caminar sin miedo a que esa baldosa mal puesta nos empape enteros o nos embarremos hasta los codos. Deberíamos disfrutar de la lluvia, dejar que esta nos acaricie lentamente las mejillas, nos empape el pelo, empaparnos de su fuerza. Deberíamos dejarnos llevar por el corazón, ir más allá de ser meros personajes de una historia montada por los pudientes. Deberíamos crear nuestra propia historia, viajar a los lugares más extraños de la faz de la tierra, ver la realidad de cada país pobre, descubrir la magia de los pueblos aborígenes en Australia y enredarnos con la cultura maya, inca y azteca, amar las selvas, los ríos y los mares. Deberíamos amarnos a nosotros mismos, amar lo que nos rodea, disfrutar de lo simple. Deberíamos odiar estereotipos, no condicionarnos, pensar, sentir, cantar en la ducha, cumplir sueños extraños y ser simplemente como somos. Deberíamos dejarnos llevar por nuestras propias tonterías y no temer al qué dirán. Deberíamos dejarnos llevar por los sentimientos que esa bonita melodía al piano te provoca o cantar a pleno pulmón en medio de la calle la letra de esa canción de rock que tanto te gusta.
Deberíamos...
Deberíamos dejar de ser simples muñecos o títeres de la sociedad, del consumismo... Deberíamos ser nosotros, con defectos y virtudes.

Deberíamos ser nosotros, ser libres.