viernes, 23 de noviembre de 2012

Y colorín colorado, ningún cuento se ha acabado.

Sé que lo sabes de sobra. En esta vida los cuentos no tienen final. Unos acaban con los otros y los que ganan continúan con su historia. Cada historia va ligada a otra diferente. Nunca hay un final. Nunca nadie dejará de escribir una historia. El final está lejos, muy lejos.
Date cuenta. Tu historia está ligada a la de tus antepasados, a la de la gente que te siga, a esa vecina loca que solo sabe bailar, a ese camarero del bar al que sueles ir... todas las vidas están enlazadas. Cada vida una historia. Cada historia una gran historia. 
Recuerda que por muy mal que acabe la relación con una persona nunca acabarás esa historia. SIEMPRE vais a estar ligadas una a la otra. Siempre.
Mañana aparecerá alguien y comenzará una historia común que permanecerá inacabada siempre. 
Porque cada día las historia empiezan. Una, y otra y otra vez y los finales nunca llegan.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Eres tú. Aquí y ahora. Solamente tú.

Confiaste y te fallaron. Lloraste y nadie te hizo sonreír. Caíste y tuviste que aprender a levantarte sola. Luchaste y no conseguiste mucho. Amaste y no te amaron. Sonreíste y no te devolvieron la sonrisa. Estuviste ahí para todos y nadie estuvo para ti.
Ley de vida. Cuanto mejor personas quieres ser peor. Mejor te sale y peor te pagan. Es así. Ley de vida. Creo que deberías tomar nota de esa gente en una cosa. Creo que debes sonreír por tu felicidades, confiar en ti y no en los demás, no llorar, caerte pero levantarte lo antes posible, luchar y aunque no hayas conseguido lo que te has propuesto seguir luchando por muchas otras cosas, amar y no importante si te aman o no, sonreír siempre, no estar ahí para nadie; solo para ti.
Es así. Las cosas han cambiado hasta tal punto que nadie va a estar para otro en un mal momento. ¿La gente se extraña o quizás se enfade? ¡Pues que se enfade! Recuerda que primero estás tú. Recuerda que en las buenas y en las malas te tienes a ti misma, tienes a esa sonrisa, esa fuerza, esa valentía que te caracteriza...
Ahora eres tú. Aquí y ahora. Solo tú.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Llegó la hora de despedirse de alguien importante. Mantente fuerte.


Llegó la hora de decir adiós. De decir adiós a algo muy importante en tu vida. A alguien muy importante en esta.
Ley de vida. La gente llega para irse. Quien viene a este mundo sabe de sobra que se va a ir. Su estancia será temporal. Quizás unos nos quedemos más que otros.
Las despedidas no son fáciles para nadie y menos esas en las que una persona que ha formado parte de tu vida y la ha marcado. Esa gente que llega para quedarse y que lo hace para siempre. Esa que cuando ya no está te hace falta. Esa que te ha regalado, no algo material, sino algo moral. Esa gente que te quiere.
Y ahora es el turno de decir adiós a esa persona. A esa persona que te dio tanto. A esa persona que, con seguridad, vas a echar mucho de menos en un futuro.
¿Lo peor de esas despedidas? Es que eres consciente de que nunca más vas a poder escuchar su voz, de que no vas a poder ver su cara de nuevo y es que también eres consciente de que dentro de unos días, quizás sean meses, su cara habrá desaparecido de tu mente. Sus peculiares rasgos se borrarán de tus pensamientos y los días seguirán su curso pero esta vez sin él o ella pero tú tienes que ser fuerte. Ahora tienes que levantarte de esa silla, vestirte y ser más fuerte que nunca por ellos, los tuyos, te necesitan así. Porque tú tienes que ser su punto de apoyo. Porque esto es ley de vida y porque esa persona importante te quería así.
Vete, dale su último adiós como se merece. Bien. Fuerte. Valiente. Y deja claro que vas a estar ahí de esta misma forma con lo que venga y le pese a quien le pese.
Ya se sabe y lo repito, las despedidas nunca serán fáciles. Ni lo fueron, ni lo son, ni lo serán pero hay despedidas que deben ser de una forma y otras de otra. Esta no será fácil pero tú harás todo lo posible por seguir adelante. 

La vida sigue sin ella.


Mal. Y es que las cosas no podían ir peor. Esa persona importante por la que hubieras puesto la mano en el fuego te ha fallado. Esta vez hasta tu instituto te ha fallado. De nada sirvieron las promesas. Ya no serán cumplidas. De nada servirán todas esas palabras que simplemente fueron dichas una detrás de la otra. De nada sirve todo lo vivido si simplemente va a formar parte de un “bonito” recuerdo del pasado. De nada sirven las promesas si ellas mismas se esfuman. De nada sirven los perdones. De nada sirve nada.
Quizás tengas razón. Pues las amistades a nuestra edad son así. Un día bien y dos mal. Los amigos como vienen se van. Y duele decir adiós, eso está claro. Duele saber que nunca volverás a contar con esos consejos de una de las mejores personas, a tu juicio, del mundo. Esa persona que estaba ahí incondicionalmente. Esa persona que hacía de bastón cuando cojeabas. Esa persona que nunca dijo una palabra más alta que otra. Esa persona que decía más con una mirada que con una palabra. Esa persona que era incondicional en tu vida. Esa persona que dijo que pese a todo iba a estar ahí. Esa persona con la que tenías sueños por cumplir. Esa persona que te dio su compañía durante, quizás, los mejores años de tu juventud.
Y es que era ella. Esa amiga de lágrimas, sonrisas, momentos buenos y malos. Esa persona que en los momentos difíciles de superar estuvo ahí y ayudó a sobrellevarlos. Esa amiga que hizo que los días malos fueran los mejores. Esa amiga que te hizo las cosas fáciles. Esa amiga que daba todo por ti y que tú también dabas todo por ella. Esa amiga que ya no era amiga, ni mejor amiga sino que era todo en uno; era amiga, mejor amiga y hermana. Era la mejor. Y ahora ya no está. Y no hay vuelta atrás.
No es tiempo de juzgar. No es tiempo de ponerse mal. Ella lo dijo, hay que seguir. Con o sin ella. Hay que tirar para adelante con lo que la vida quiera traer. Porque este es “palo” pero aún van a venir mucho peores y hay que afrontarlos. Ya se sabe, el tiempo pasa y las penas se superan.